La poca luz de la luna en la madrugada apenas hacía que se pudieran diferenciar las figuras de los árboles y tantear sus pasos por entre las ramas. A juzgar por el ruido de las pisadas Marcus debía encontrarse ya muy cerca y probablemente herido, por lo que Irina se dio a la tarea de afinar sus sentidos y buscar una pista que le permitiera acabar de una vez por todas con la persecución. Los árboles caían pesadamente a los lados y las copas carecían ya de hojas. El suelo era un mar de hojas facilitando el trabajo de búsqueda. Al horizonte, la falta de ramas ayudó a distinguir de mejor manera la luz y el bosque se vio aún más tenebroso de lo que lo fue en las tinieblas.
Tras recorrer unos metros logró distinguir la figura del médico que caminaba trabajosamente y con apenas unos harapos para protegerse del frio. En su espalda parecía agarrarse una figura gelatinosa que subía poco a poco por su espalda amenazando con llegar rápidamente a su cuello. Como lo había hecho con el jabalí se lanzó sin pensarlo y con la daga en la mano aterrizó en el desconcertado hombre que cayó de cara entre el mar de hojas y tierra húmeda. La criatura se aferró a la espalda desnuda del médico como una sanguijuela y en medio de gritos y puñaladas Irina logró sacarla de su espalda. La viscosidad se medió entre la tierra y huyó a las profundidades.
El medico se giró y con un rostro, mezcla de asombro y alegría le dio un abrazo a la anciana que apenas tuvo tiempo de verlo a los ojos.
-Gracias a los dioses eres tú, ya estaba perdiendo las esperanzas de encontrar algún amigo en estos lares-. Dijo a punto de soltar lagrimas el médico.
-Se supone que yo sería quien estuviera vulnerable acá, muchachito. Por los dioses, qué fue lo que te pasó, te vengo rastreando desde hace unas horas, luego el fuego y ahora estas semidesnudo.
-No hay tiempo para explicar, no podemos quedarnos estáticos. Lo más conveniente ahora es encontrar a Galem y encontrar el camino hacia la ciudad amurallada-. Dijo Marcus mientras se levantaba y usaba una de sus espadas como cayado.
- ¿Qué se supone que ahí allá para nosotros? -. Preguntó Irina mientras trataba en vano de ayudar a levantar a su compañero.
-Lo sabremos en su debido momento, por ahora el bosque está cayendo en ruinas y no quiero estar acá cuando acabé de derrumbarse por completo. De acuerdo a la información que he podido obtener Galem se encuentra aún muy lejos, pero si nos apresuramos puede que lo alcancemos para hoy en la noche.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Mis sentidos me lo dicen. No tenemos tiempo para descansos si realmente queremos encontrar a tu hija. El único que nos puede dar una explicación por ahora es Galem.
Irina comprendió al instante que aquel hombre con el que mantenía conversación no era la misma persona con quien había discutido hacía unas horas. Su tono, su seguridad y su mirada eran como cuando lo había conocido y ante ese hombre, más seguro y confiable, depositó todas sus esperanzas. De su mochila sacó una chaqueta de cuero que llevaba como repuesto y continuaron su viaje a paso acelerado por entre el bosque.
El día fue aún más extraño que la noche. La luz del sol se notaba bastante tenue aun en la copa de los árboles. Aquel bosque maldito se sentía como otro mundo, el aire, el cielo y el ambiente parecían estar recubiertos por un sentimiento de tristeza y de muerte. El sol no era una bola incandescente a la lejanía sino una espiral de colores que se mantenía estática a lo largo del firmamento a medida que avanzaba el día. No se escuchaban animales u otras criaturas como con las que se habían topado en medio de la noche.
A lo largo del día no se tomaron ni un solo descanso, comieron mientras corrían o saltaban entre los árboles. Solo en las primeras horas de la jornada tuvieron tiempo de hablar para poder calmar sus ánimos en medio de la noche. Durante este breve periodo de tiempo compartieron toda la información que habían obtenido, sobre la corrosión, el abismo, la maldición de los muertos y el posible destino de Frigila junto a la diosa que es imposible nombrar. Decidieron que el bosque era tan solo un paso entre el gran viaje que les esperaba y al caer los primeros rayos de luz del amanecer apretaron el paso apenas dirigiéndose la palabra para identificar los rastros del gigante que ahora eran más visibles.
Tras caer el atardecer, a punto de que la espiral de luces estuviera a punto de apagarse, encontraron los rastros de una gran pelea. En el suelo pudieron diferenciar brazos, cabezas, garras y otras partes de bestias que probablemente habían estado en una pelea. Los rastros de sangre sugerían que fue una batalla monumental, pero no lograron encontrar ni un solo cuerpo completo de ninguno de los dos bandos. Los árboles estaban partidos y destruidos por la lucha y los rastros se dividían en todas las direcciones, por lo que fue aún más duro el trabajo de rastreo.
Permanecieron en la zona alrededor de una hora, a pesar de la c********a que había ocurrido en el lugar era poco probable que los atacantes llegaran de nuevo luego de haberse llevado los c*******s. Ocuparon el tiempo en reponer el aliento y tomar decisión sobre hacía qué dirección debía de seguir la expedición. No se escuchaban pasos en la lejanía y los árboles moribundos no le daban mucho información al médico que se dedicó a hallar pistas de su amigo. No había nada, con suerte el gigante habría borrado sus huellas luego de la pelea. Además, la zona parecía estar adulterada y se dedicaron a buscar la mínima pista que les ayudara con el paradero.
Al caer la noche el frio regresó aún más agresivo que la noche anterior y el viento soplaba la copa calva de los árboles. No se escuchaban canciones ni sonidos como antes, solo el sonido seco del viento contra los objetos muertos. Por razones claras decidieron que tampoco sería conveniente encender una antorcha y reanudaron su camino en la misma dirección en la que se habían dirigido durante toda la búsqueda. Si Galem había borrado sus huellas era porque probablemente seguía en el mismo camino que al inicio, o eso pensaron hasta que encontraron un trozo de hierro oscuro tirado en el suelo.
- ¿Tú crees que sea de la armadura de Galem? - Preguntó Irina al médico quien analizaba detenidamente la lámina.
-Trato de encontrar el olor de Galem, pero parece que ha pasado mucho tiempo desde que la perdió. De lo que no hay duda es que es de una armadura, probablemente de quien se enfrentó a las otras cosas.
-Ahora qué, habiendo pistas no creo que debamos tomar el camino a la ligera. - Respondió Irina
-Este árbol parece estar roto de una manera distinta. Por favor trata de hacer a un lado las hojas y busca una zona en la tierra que se vea, al menos en lo más mínimo, más desigual que el resto.
Ambos se pusieron manos a la obra, pero la cantidad de hojas secas, esquirlas y troncos les dificultaron el trabajo como antes de encontrar la pista. Ahora con la oscuridad de la noche era aún más difícil encontrar evidencias. Al cabo de un rato encontraron bajo uno de los troncos caídos el cuerpo aplastado de una de las alimañas que habían participado en la pelea y una de sus garras sobresalía con sangre de debajo del tronco.
-Creo que esto nos puede servir. Lo que sea que aruñó esta cosa no era su amigo. Con suerte debe ser de un vivo, si lo rastreamos podremos encontrar mayores pistas-. Sugirió Marcus a la anciana.
Tras olfatear y probar de la sangre fue para Marcus mucho más fácil hacer una reconstrucción de los hechos que se habían dado en el lugar y al cabo de un rato de seguimiento encontraron las dichosas huellas que necesitaban. Un cuerpo fue arrastrado por entre la maleza y otro, al parecer, lo estaba llevando consigo. De acuerdo al tamaño de los pies y el grosor de la marca pudieron determinar que tal vez el gigante se encontraba herido y había sido socorrido por un desconocido.
Sin perder más tiempo, y con todas la previsiones se pusieron rumbo a seguir las huellas que se extendieron a lo largo de varios kilómetros por entre los árboles. Durante todo el tiempo que continuaron rastreando, sonidos iban y venían del bosque, figuras que los vigilaban y huían de ellos continuamente, pero sin dar el paso a atacarlos. No tenían tiempo que perder y apretaron el paso esperando que ninguna alimaña se diera el tiempo de seguirlos al destino que les aguardaba. Al cabo de un tiempo lograron escuchar los pesados pisotones de alguien con un elevado peso y estatura, con lo que la marca de arrastre quedo obsoleta.
Con un paso más ligero y entre los árboles corrieron y saltaron hasta que en el pequeño claro del bosque, a la media noche, encontraron una hoguera encendida y un caballero cubierto de una pesada armadura que descansaba entre los árboles. Parecía encontrarse durmiendo y se acercaron al calor de la fogata esperando no despertar al sujeto.
-Estuvo aquí sentado, hay marcas. Tal vez no se fue hace mucho, tuvimos suerte-. Se planteo Marcus entre susurros.
-Si buscan al gigante no hace mucho que se fue en dirección occidente en busca del castillo del señor de estas tierras-. Respondió calmadamente la voz que provenía desde el interior del casco
- ¿Qué fue lo que pasó? Estamos siguiéndole la pista hace un buen tiempo-. Le contestó Irina.
-No sé todos los detalles. Lo socorrí porque entre nosotros, quienes conservamos la cordura debemos apoyarnos. Esta cruzada no es personal.
-Cómo sabes que no somos hostiles contra él o contra ti.
-No lo sé, pero acá en estos bosques la lucha no debe ser entre nosotros. Latentes con cordura y latentes que se consumieron sin humanidad están en una guerra contante, matarnos entre nosotros no tiene sentido-. El caballero se levantó y les señaló el camino- Si siguen por ese claro puede que lo encuentren, el hombre no está muy herido, pero dudo que trate de tomar velocidad.
-Muchas gracias por cuidar de nuestro amigo, si hubiera algo que pudiéramos hacer por ti no dudes en pedirlo-. Contestó Marcus
-No hay mucho que se pueda hacer por un latente, solo quiero que recuerden mi nombre por si nos volvemos a encontrar, mi nombre es Henri, orgulloso caballero de la Ciudad del Crisantemo.
-Mi nombre es Marcus y ella es Irina, recordaremos tu nombre con todo gusto y agradecimiento-. Marcus doblo su cuerpo en reverencia e hizo señas a Irina para continuar su camino. Henry les mostró el brazo en despedida y emprendió un camino opuesto al de ellos desapareciendo entre la oscuridad.
- ¿podemos confiar en él? - Preguntó Irina al cabo de un rato- Puede que nos lleve a una trampa, como lo hacían los sujetos con los que me topé.
-A veces es bueno tener confianza en las personas, aquel hombre no trató de engañarnos y las evidencias nos muestran que decía la verdad. Siento lastima por él, es como si hubiera perdido la esperanza.
-No es propio de ti ser tan conversador, querido amigo.
-Es solo que comprendo ese sentimiento de perdida, de ser incapaz de saber a ciencia cierta cuál es el camino que hay que seguir. Peor que perderse en el bosque y su oscuridad es perderse dentro de sí mismo. De qué sirve regresar si no sabes a dónde ir-. Contestó Marcus mientras que Irina fue incapaz de contestar.
El bosque poco a poco se fue poniendo menos espeso y parecía estar llegando a su final. Las criaturas merodeaban por los alrededores, pero no trataban de acercarse al camino por el que seguía la pareja de perseguidores. La tenue luz de la luna se filtraba con mayor facilidad entre los árboles del bosque y en la lejanía se distinguían las murallas de una ciudad y en lo alto un gigantesco y hermoso castillo que parecía brillar aun entre la oscuridad. El ruido del exterior se pudo distinguir y se escucharon sonidos metálicos en la lejanía junto a piedras, gritos de miles de personas y todo el bullicio de una ciudad. En el final del bosque y arrodillado frente al risco encontraron de rodillas al caballero que miraba distraídamente la ciudad.
- ¡Galem, eres tú! - Gritó Irina sin aliento. El caballero no se inmutó, pues continuaba absortó en sus propios pensamientos.
-Oye, amigo, somos nosotros ¿Puedes escucharnos? -. Marcus trató de tomarlo de los hombros y el caballero salió de su ensimismamiento contestado de una manera hostil a punto de golpearlo en la cara.
- ¡Galem, soy yo, Marcus! -. El caballero con duda miro al médico y su rostro se empapo de lágrimas. - Soy yo amigo, te llevamos buscando muchas horas y al fin te encontramos ¿estás bien?
-perdónenme, no deberían estar acá. Les fallé, todo esto es culpa mía- Contestó el gigante que volvía sus ojos a la magnífica ciudad que de cerca parecía estar en ruinas.
-No es tu culpa, ahora estamos todos juntos en esto-. Contesto Irina que, como hace dos años, se sentó junto a Galem sin decir otra palabra. El medico decidió que no había nada más que agregar y se sentó a mirar el horizonte mientras escuchaba los gritos de guerra en la lejanía
-Eso que ven allá es la Ciudad de Stone Black, apodada la Ciudad amurallada. Más allá de esas murallas yo nací-. Dijo Galem mientras cortaba el silencio en que permanecían.
-Jamás creí que habría una ciudad tan gigantesca de este lado del bosque. Desde que era niño las historias decían que este bosque era el fin del mundo-. Sugirió Marcus
-Los humanos tendemos a olvidar e ignorar aquello que no podemos entender. Esta ciudad fue el bastión más grande de la humanidad la cual detuvo el avance del abismo hace mucho tiempo. Cuando llegué a su aldea sentí que no pertenecía a este mundo, todo me parecía tan extraño, tan nuevo. No lo entendí hasta que regresé. Pasaron años, décadas, siglos y continuo acá, y todo por cuanto yo creía debe estar muerto, o lo más parecido a ello.
-No lo entiendo, quién se supone que eres-. Preguntó Irina quien no entendía lo que estaba pasando.
-Galem estuvo perdido entre los bosques malditos por siglos hasta que llegó a nosotros-. Dijo Marcus mientras miraba a su amigo- Cuando los árboles me lo dijeron no lo pude entender, pero parece que este bosque está encantado y era la protección contra esas cosas.
-Nací campesino y mi nombre no es más que lo primero que encontraron mis padres para referirse a mí. Después de años de batallas contra los muertos entré en la Legión de los Bosques Malditos y deserté de mis compañeros, encontré el infierno y vagué durante mucho tiempo. Los fantasmas de quienes vivieron conmigo me han perseguido por años.
- ¿Eres un latente, como con los que nos hemos encontrado? - Preguntó Irina
-No, aún no. No tuve el valor para quedarme cuando las cosas empeoraron, escapé y el castigo fue hacerme huir durante años de esas cosas. Árboles y humanos fuimos los protectores del bosque por años, pero los muertos han ganado la batalla, no hay salvación-. Galem bajo la mirada y metió su cabeza entre las rodillas -Eso que escuchan allá no es más que el sitio de los no muertos a Stone Black, un sitio que lleva cientos de años y que ha terminado por maldecir todo aquello que una vez fue puro.
No hubo más palabras en toda la noche. Los rugidos de guerra, las piedras estrellándose contra los muros, las puertas empujadas y los gritos de horror se escuchaban en la lejanía. Los muertos morían y regresaban sin humanidad. La legión, los caballeros y el gran Rey continuaban en una lucha sin sentido después de casi mil años de intensa guerra.