Capítulo 4

3463 Words
Ya han pasado dos días desde nuestro altercado, no me ha preguntado absolutamente nada sobre el tema, la verdad ha estado más serio que nunca y en ocasiones su indiferencia me hiere, se encierra en el estudio una hora diaria y en la noche se va de casería para después atender sus obligaciones en el bar y volver mientras duermo. En sus ausencias he estado leyendo el diario de Elizabeth, me sorprende lo que he encontrado sobre Adam o mejor dicho, del Coronel Clark, ella se enamoró de él, pero estaba comprometida con Nicholas Dubois, ahora sé por qué el nexo con esa familia, siento un poco de lástima por ella, pero estar enamoradas del mismo hombre y que las dos tuvimos el mismo nombre me resulta abrumador. Además de entender un poco sobre el secreto familiar, aunque la verdad no es mucho lo que dice, solo es ser los guardianes de la cruz negra y que no debe caer a manos de los vampiros, pero no explica gran cosa, desearía saber dónde está la dichosa cruz y quitarme responsabilidades de encima, pero pese a mis esfuerzos, lo único que he encontrado en internet es sobre una orden Teutónica llamada La Cruz Negra que servía a Jesucristo, una especie de cruzados por así decirlo, pero ¿Que protegían? bueno, sé que destruían a los herejes y recuperaban la tierra santa pero algo más tenían que proteger ¿O no? Krista me ha ayudado con mi investigación, aunque está más enfrascada en el mundo de los verdaderos vampiros, dice que hay que conocer al enemigo a fondo para saber por dónde atacar, aunque la información solo sea de novelas de ficción. Ahora estoy, como casi todas las tardes, en el salón principal leyendo el dichoso diario, claro, antes hice el ensayo de Farmacobiología, Adam está encerrado en el estudio, el día está lluvioso y esto es tan deprimente como ver un documental de la pobreza extrema en África, quizás más; Guardo el diario en mi mochila y camino recorriendo la casa, es increíble que en todo el tiempo que llevo aquí aún no conozco todas las habitaciones, paso el estudio soltando una pesada respiración, ¿Por qué demonios es tan hermético?, en fin, abro la siguiente puerta y busco el interruptor, está bastante obscuro aquí, cuando al fin lo encuentro enciendo la luz, no está empolvado pero si desordenado, cosa que es bastante curioso, desorden es igual a polvo, telarañas y bichos, pero aquí está completamente limpio, una espesa cortina roja cubre la ventana, hay una mesa de madera y sobre esta cajas de cartón y cuadros, algunas alfombras enrolladas en una de las orillas, son unas seis o siete y bastante grandes, sillas antiguas con más cajas encima, pero lo que capta mi atención es el piano, de madera rojiza y bastante bien cuidado, se nota por los detalles en la madera que es antiguo, aunque es extraño, la tapa que cubre las teclas está levantada, se debió usar recientemente y no me di cuenta siquiera del sonido, me acerco y busco en que sentarme, con cuidado tomo una de las sillas y la acomodo, desde que mi padre murió no he usado un piano, él decía que la música cura los males del alma, espero que eso me libere un poco. Toco cada tecla, suena perfectamente bien, no sé por qué se me viene a la mente esa canción que toca Víctor en la película El c*****r de la Novia, pero decido intentar tocarla, siempre he tenido buen oído, mis pálidos y delgados dedos pasan por las teclas tocando cada nota, cierro los ojos, necesito esto, necesito desahogarme de alguna manera, necesito llorar sin estarme cuidando de nadie, sin temer dejar de ser fuerte; mientras la melodía sigue sonando, mis ojos se encuentran cerrados, conozco la posición de las teclas a la perfección, las lágrimas escurren por mis mejillas mientras las tristes notas emergen del instrumento. —No sabía que poseías esa virtud. Me detengo estrepitosamente abriendo mis ojos de golpe, me limpio las lágrimas y sorbo por la nariz de manera poco femenina, Adam me ha sorprendido. —Papá me enseñó de muy pequeña —me excuso sin volverme para mirarlo, lentamente me levanto de mi asiento—. Lamento haber entrado aquí sin permiso, prometo no volver a tocar tu piano. —No, por favor úsalo, me haría bastante feliz saber que tú lo tocas e imaginar que lo haces para mí. Me giro en mis talones para mirarlo, pensé que me llevaría un regaño, pero esto me sorprende gratamente, Adam frunce el ceño y se acerca a mí. —Estuviste llorando Lizzy, ¿Qué pasa? —dice mientras acuna mi rostro, es ahora o nunca, si no saco toda esta mierda explotaré. —Me siento tan sola —sollozo, instintivamente se acerca para abrazarme y yo rompo en llanto, no puedo ser fuerte cuando esto me carcome por dentro. —¡Oh Lizzy! llora lo que tengas que llorar. —Nunca estás conmigo, me tienes en las sombras ocultándome todo, cada día te desconozco más, ni siquiera hablas conmigo, ¿No entiendes que me estás matando con tu indiferencia? —declaro, bajo mis manos siento como se tensan los músculos de su espalda, lo he afectado, pero es ahora o nunca. —Siento haberte hecho sentir eso, no quiero que estés así por mi culpa Lizzy, te diré una parte ahora mismo, en verdad desearía decírtelo todo, pero aún no puedo porque necesito más respuestas, no te tengo en las sombras, soy un idiota por descuidarte así, en verdad he sido egoísta. Suspira, los latidos de su corazón me tranquilizan, es muy reconfortante estar entre sus brazos como hacía mucho que no lo estaba. —Solo quiero un pedacito de ti. Me toma por los hombros para mirarme a los ojos. —Tienes todo de mi Lizzy, te amo más de lo que podrías imaginar, más de lo que se puede amar a alguien. Se agacha un poco tomándome en brazos para cargarme de forma nupcial, se acerca hasta la pila de alfombras y se sienta sobre estas conmigo en brazos. —Aunque no lo creas son cómodas —afirma dándome un guiño, yo atino a responderle con una sonrisa triste y acaricio una de sus mejillas, suspira y cierra los ojos. —Estoy investigando a tu familia, eres una Rousseau, Tom tuvo razón, tu familia cambió su apellido cuando llegaron a América, yo conocí a Elizabeth Roux, creo que por eso me resultaste tan familiar. Frunzo el ceño al oír el nombre de esa mujer, él me pasa el pulgar entre mis cejas alisando mi piel. —No te pongas celosa, Lizzy, cuando te digo que eres la única es porque lo eres, Elizabeth Roux fue una buena mujer, la conocí por casualidad, jamás supo realmente lo que yo era y te lo confieso, alguna vez quise seguir adelante, conocer a una mujer y ver qué pasaba pero nunca la amé, solo sentí cariño por que fue amable conmigo, aunque no te niego que disfrutaba molestarla y hacerla enfadar, decía que era un ser despreciable e irritante. Escucho su versión con atención, Elizabeth narra en su diario las partes irritantes del coronel, pero también menciona su atracción por él, ¿A quién le debo creer? ¿A la mujer que jamás conocí o al hombre que medio conozco y lo amo? —En fin, ella se casó y yo me fui a Tennessee, me enteré de que murió y hasta ahí, pero en verdad no te comparas en lo más mínimo con ella, tú eres hermosa, inteligente y muy fuerte, algo terca, pero te amo con locura. —Me vas a hacer llorar más. —No mi amor, no quiero que llores, no ahora que debo decirte algunas cosas más, tu familia perteneció a una orden Teutónica, no sé exactamente desde cuando se unieron a ellos, el primer registro es del Conde Luis III, tu familia es completamente francesa, no has perdido el linaje, eres de sangre noble, al igual que lo fueron los Dubois, pero la tuya de mayor rango. —No comprendo. —Tu familia se alió a una orden para protegerse de algo o de alguien, estamos hablando de que esa orden de cruzados eran la mano derecha de dios y se protegieron durante los siglos, hasta que el canciller Charles Rousseau se convirtió en abuelo, mandando a su familia a América, y su nieta era... —Elizabeth Roux. —Exacto y después de la muerte del canciller construyeron el mausoleo en su honor y trajeron los restos acá y solo los de sangre Rousseau pueden ser sepultados ahí, aunque al llegar a América adoptaron el apellido Roux para confundirse con los cajunes y lograr ocultarse, lo que no entiendo es ¿Que ocultan? se supone que tu familia tiene la cruz negra, pero tú no tienes conocimiento alguno sobre eso, ¿En dónde estará? —¡Wow! sabes más de mi familia que yo, me asusta. —Tranquila —dice con una sonrisa mostrándome sus colmillos—. Solo soy bueno investigando, debo encontrar muchas cosas, tengo un desorden en el estudio, no quiero que entres porque tengo mucho que investigar, mucho material que debe ser tratado con cuidado. —Puedo ayudarte, a fin de cuentas, es mi familia. Frunce levemente el ceño y suelta una pesada respiración, esta es una clara señal de que todo se irá al carajo. —Tengo que buscar respuestas solo Lizzy —dice con gesto compungido—. En su momento te diré todo. Me zafo de su agarre y me levanto de su regazo, no quiero más de esto. —¡Deja de excluirme de tu vida Adam! —vocifero— Necesito saber que ocurre. —No te pongas así.     —Como no ponerme así si me estás alejando cada día más, estás volviendo realidad mis miedos Adam. —¿Que miedos? —cuestiona. —Me estás dejando sola —declaro en un hilo de voz—. Me alejas de lo que yo conocí como una vida normal para después botarme en las sombras. Se levanta de la pila de alfombras, cierra los ojos un momento con una sonrisa mientras niega con la cabeza, Respira Hayley Roux, aún no le saques la mierda a golpes a este cabrón, dice mi conciencia mientras suelto una pesada respiración, estoy al límite de perder la cordura. —Eso suena ridículo después de todo lo que te he dicho. —¿Entonces soy ridícula? No, mira, ¿Sabes qué? me voy, necesito de alguien que sí me escuche, hasta estando muerto creo que papá me escucha más que tú ¡Oh cierto! Tú ya estás muerto en vida, lo olvidé —digo mordaz, de pronto su rostro se encoge mostrando dolor, creo que ahora fui yo quien metió la pata, pero no puedo retractarme. —No seas cruel. —No soy cruel —afirmo—. La verdad duele y mi mejor herramienta es enfrentarte con la verdad, quiero respuestas Adam, quiero ver qué demonios ocultas en el estudio. Me giro sobre mis pies y salgo a toda prisa de esa pieza para correr por el pasillo y subir las escaleras, al llegar a la habitación entro cerrando tras de mi poniendo el pestillo, me recargo en la puerta y me deslizo hasta el suelo como una estúpida llorando.    ******            ******    —Lizzy, debo ir al bar —me llama desde afuera de la habitación, después de perder el tiempo llorando, he decidido que debo ir a mi casa, necesito buscar información, tengo ropa escondida en mi mochila y aunque solo traigo mis interiores y una camisa de Adam encima, sé que solo tomo unos vaqueros y asunto arreglado. Decido abrir la puerta de la habitación dejándole una clara visión de mi cuerpo casi desnudo, su mirada se obscurece y puedo percibir que ha tragado en seco. —Está bien Leto, ve al bar. Krista tenía que revelar mi secretito de fantasear con Jared Leto, la ventaja es que Adam es mi Leto personal y se le parece bastante. —Otra vez con el Leto. Me acerco coquetamente y arreglo el cuello de su camisa, muerdo mi labio liberándolo lenta y seductoramente, él suelta un jadeo. —Eres mi Jared Leto particular, ya te lo he dicho, no creo que debas ofenderte. —No me ofendo, pero creo que a este paso cambiaré mi nombre a Adam Lui Leto. Me da una sonrisa de medio lado y pone sus manos en mi cintura bajando lentamente hasta mis muslos para nuevamente subir por debajo de la camisa. —Creo que alguien debe hacer sus fantasías realidad con su Jared personal —dice juguetón, mi pulso se dispara al sentir el roce de uno de sus dedos sobre la fina tela de mi panty, estoy ardiendo. —Será después, alguien debe ir a atender el bar. Tomo sus manos alejándolas de mí, él se queda boquiabierto sorprendido por mi accionar, sonrío y deposito un suave beso en sus labios. —Hasta luego cariño —musito contra sus labios rompiendo el contacto para luego tomar la puerta de la habitación. —¡Oh nena! me has dejado ardiendo —espeta mordiéndose el labio dándome una sexy visión de sus colmillos sobresaliendo. —Así cuando vengas me tomarás con ganas, bebé —declaro divertida y cierro la puerta, escucho pasos alejándose de la habitación, me quedo mirando por la ventana y solo unos minutos después, el auto sale de la mansión, me pongo unos vaqueros y me calzo unos zapatos deportivos, hace frío, tomo una chaqueta para abrigarme y antes de salir de la habitación dejo una nota sobre la cama diciendo: Necesito estar sola, llámame cuando leas esto, estaré en mi hogar, prometo volver mañana después de la escuela. Salgo de la habitación y corro escaleras abajo, pero algo en mi me dice que vaya al estudio, camino hasta ahí y pongo mi mano en el pomo de la puerta, está cerrada, pero escucho un gemido, acerco mi oído a la puerta y otro gemido se hace presente, me dan escalofríos y cuando estoy por separarme de la puerta escucho una voz femenina proveniente del estudio. —Pobre humana tonta, él es mío, eres tan ciega que no te das cuenta que tiene una amante bajo el mismo techo en el que duermes. Mis ojos se abren como platos, ¿Eso es lo que ocultas Adam? tienes a otra y me estás viendo la cara de estúpida, una lágrima recorre mi mejilla y limpiando mi rostro salgo del lugar a toda prisa, iré a pie o si me topo con un autobús lo consideraré, corro a toda velocidad, necesito alejarme de ahí, necesito en verdad aclarar esto, me está matando; llego a una parada de autobús, al ver a uno que pasa por mi ruta, lo abordo sin pensarlo dos veces.    ******            ******    Solo unos quince minutos después estoy en mi casa, entro desesperada y al borde del llanto, me siento tan sola que si no fuera por Krista, desde hace tiempo hubiera acabado con mi vida; Es duro confiar en las personas, es peor querer confiar en un vampiro que solo me oculta información, suelto una pesada respiración y camino por el pasillo hasta el despacho de papá. Cuando era niña, solía jugar horas con sus piezas de ajedrez ordenándolas de la más pequeña a la más grande mientras él revisaba documentos, es duro para mi tener recuerdos tan vívidos; llevo mi mano al pomo de la puerta y la abro, entro encendiendo las luces y veo que todo se conserva exactamente igual salvo por el polvo, desde que él murió, esta parte de la casa quedó abandonada, la estantería con libros antiguos, el escritorio enorme de madera maciza, la pequeña lámpara de porcelana justo sobre este, la vitrina con el tablero de ajedrez, trofeos y un baúl que jamás recuerdo haber visto su contenido, fotografías familiares y cuadros empotrados en la pared. Me aproximo al escritorio, debe de haber algo en los cajones, pero al estar cerca noto que necesitan de una llave. —¡Demonios! y ahora ¿Que llave será la de aquí? Miro con atención la cerradura y por un instante se me viene a la cabeza, Sí mi llave abre el mausoleo, la notaría de papá y la cripta de Elizabeth, quizás abra los cajones, es una locura, pero lo intento, me retiro la cadena del cuello y pruebo la llave con el primer cajón, la cerradura cede y una amplia sonrisa se dibuja en mi rostro, antes de abrirlo pruebo con los demás cajones, notando así que mi idea no era tan loca después de todo, todos y cada uno de ellos abre con la misma llave, gracias papá por hacer esto más sencillo para mí, suspiro y abro el primer cajón,  una foto mía con papá, aún recuerdo cuando tenía ocho años y usaba dos coletas, papá me llevaba al parque y solía comprar algodón de azúcar para ambos; Cierro los ojos sin poder contener la nostalgia que me producen los recuerdos, pero continúo con mi tarea, en el cajón hay además de la fotografía, lápices y bolígrafos, en el segundo cajón, nada, tercer cajón papeles y más papeles, los reviso y solo son papeles de la notaría, vuelvo a suspirar y abro el último cajón, una llave, es diferente a cualquier llave que hubiese visto antes, al parecer la cerradura debe tener una extraña forma de "L", es pequeña y de oro, la tomo del cajón y la guardo en el bolsillo de mis vaqueros, de pronto me entra una gran curiosidad, camino hasta la vitrina, abro las puertas de cristal y tomo el baúl, pero de inmediato me doy cuenta de que está abierto y no oculta nada, ¿Que puede abrir esta llave? Hayley, pon tus neuronas a trabajar, mi vista se queda fija en el ajedrez, es medio tablero, pero se expande al abrirlo, funciona como estuche para las piezas, lo tomo y en el veo la pequeña cerradura, saco la llave nuevamente del bolsillo y ¡Bingo! abre al instante, dentro de ella el saco de terciopelo azul que guarda las piezas, pero a un costado aguardan el rey, la reina y una carta, frunzo el ceño y camino con el ajedrez hasta el escritorio, saco el contenido y cuando estoy por sacar la carta del fondo, me sobresalto con el tono de mi móvil. —¡Mierda! estúpido teléfono. Lo saco de mis vaqueros y ¡Oh gran sorpresa! Adam llamándome, ¿Contestar o no Contestar?, esa es la cuestión, miro la pantalla un par de veces y me armo de valor llevándolo a mi oído. —¿Sí? —respondo temerosa. —Con que necesitas estar sola. Cierro los ojos y libero una pesada exhalación, debo ser una cretina con él para no doblarme. —¡Vaya! sabes leer —mascullo sarcástica. —Deja las estupideces a un lado Elizabeth, te dejo en casa, vuelvo temprano para darte una sorpresa e ir juntos a cenar y me encuentro con una maldita nota sobre la cama, como siempre firmada con tu sangre diciendo que necesitas estar sola, ¿Qué pasa? —Tú eres el que debe decir ¿Qué demonios pasa? estoy harta, harta de tus secretos, harta de que huyas de mí, harta de todo. —Aun así, estás conmigo. —Y no lo valoras porque eres un gran idiota, esto no durará mucho con tus malditos secretos, ¿Qué ocultas en tu estudio? ¡Dímelo!  —La base de una relación es la confianza, Elizabeth. —No vengas hablando de confianza cuando tú no me la tienes como para decírmelo todo. —Tienes razón, no confío en ti, te amo, pero no puedo decírtelo todo. Siento como si un auto se estampara contra mí a toda velocidad, me está hiriendo, ¿Cuál es el punto de esto? necesito tomarlo desprevenido, necesito espiarlo y exigirle la verdad con más fuerza. —Adiós Adam. —No te despidas así, no por teléfono. —O sea que me puedo despedir de ti en persona, ¿Si verdad?, como tú no sientes nada no te importa verme sufrir, pero tienes razón, esto no puede ser, a fin de cuentas, solo eres los vestigios de un estúpido campesino. —Lizzy, por favor. Corto la llamada con lágrimas corriendo por mis mejillas, amo al imbécil de Adam, no sé por qué lo necesito tanto, pero me hace mucho daño, esto tiene que acabar de una vez por todas; dejo el ajedrez junto a la carta sobre el escritorio y salgo del despacho, iré a ver a Adam, es ahora o nunca.
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