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Jardín Salvaje

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intro-logo
Blurb

Por décadas, Nyx ha vagado por el mundo ocultando su verdad y huyendo de un pasado marcado por la sangre y la traición. No obstante, su paz se ve amenazado por la noticia de la muerte del emperador de los vampiros, su hermano Cyrus. Ahora, Nyx debe decidir si lucha por su derecho al trono como una de las últimas descendientes del Primer Vampiro, o el proteger a sus amigos de la guerra que se avecina.

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I
La luna roja iluminaba los pasillos de forma lúgubre, su luz entraba por las ventanas y por el techo de vidrio central. Las sombras maldecían la ausencia de nubes, y pedían que la luna brillara con la misma debilidad que las estrellas. Pasos apresurados retumbaban en las paredes del lugar, Nyx se ve así misma correr lo que le permitían sus pequeñas piernas. Tropieza, pero una fuerte mano la sostiene y la arrastra para que siga corriendo, no podía permitirse que los alcanzaran. Iba a gritar que estaba cansada, que no quería correr más, cuando escucha un grito desgarrador y el alarido de una criatura muy cerca de ellos. Había reconocido el grito de su madre, Agastya Qayin, suplicando por la vida de su bebé, lo que le había causado verdadero terror. Mira hacia atrás, y solo ve dos sombras, delante de ella había otra, las reconoció como sus hermanos. No entendía porque ellos solo corrían, no entendía porque su padre no estaba con ellos. Cae al suelo y siente como su mandíbula golpea el suelo, seguramente se ha roto la lengua, siente el sabor de su propia sangre. Trata de ponerse de pie, pero sus rodillas no soportan y vuelve a caer al suelo. Se angustia por no poder correr, sus lágrimas caen en un llanto silencioso al verse muerta en manos de esa criatura que los perseguía. ― Corre, no te detengas. ― escucha decir una voz masculina. ― No puedo. ― solloza Nyx acurrucándose en el suelo. ― Déjala, tenemos que huir. Ella solo nos estorba. ― exclama una voz femenina. ― ¡Cállate, Nisha! Es nuestra hermana, y no la dejaré atrás. La escucha resoplar con molestia, no logra distinguir sus rostros por la bruma de sus propias lágrimas. Una fuerte opresión se instala en su pecho, su llanto se vuelve incontrolable mientras sus fuerzas la abandonan. No tenía fuerza para correr. Siente como es levantada del suelo y como unos brazos la acunan sobre un pecho familiar. Abraza y aspira el aroma de la persona que la lleva en sus brazos, pudo reconocer el olor de su hermano Cyrus. Otra mano limpia sus lágrimas y le besa la mejilla, le escucha susurrar palabras de calma. Era su hermano Caweys. Nyx solo asiste ante las palabras de su hermano y se aferra con fuerza al cuerpo de Cyrus mientras corrían por los pasillos. Otro aullido, y Nyx se atreve a levantar la mirada. Ante ella se elevaba una criatura con un largo hocico puntiagudo y unos ojos grandes enrojecidos, estaba encorvada apoyada de sus extremidades superiores, sus alas se rozaban contra el suelo, mostraba sus dientes en un gruñido. Ella logro reconocerlo cuando la luna ilumino su pelaje blanco. ― ¡Papá! ― Nyx grita, tratando de soltarse del agarre de su hermano para correr hacia su padre. La criatura solo mueve sus orejas pequeñas puntiagudas hacia ellos y suelta un rugido que hace temblar las columnas de la casa. ― ¡Rápido! ― exclama Caweys empujando a sus hermanos. ― Pero papá... ― Nyx vuelve a llorar estirando sus brazos hacia su padre. ― Quiero estar con mi papá. ― No, Nyx, no puedes estar con papá ahora. ― la voz de Cyrus estaba agitada. Corría todo lo que podía tratando de dejar una gran distancia entre ellos y su padre. ― Falta poco para llegar al refugio. No entendía por qué. Esa criatura era su padre, ¿por qué sus hermanos huían de él? No era malo, su pelaje era como el algodón y a ella le encantaba dormir sobre él cuando tomaba esa forma. Ella solo quería que su padre la cargara como lo hizo en el festival de equinoccio de primavera. «¡Papá!», Nyx solo podía sollozar contra el hombro de Cyrus, los pensamientos estaban turbando su mente y sus emociones. ― Vamos, aquí. Caweys abre una gran puerta de hierro, Nisha y Cyrus corren a su interior, y se tiran al suelo entre las cajas del lugar. Otro alarido de su padre la sobresalta. Nyx se pone de pie y observa a Caweys cerrar la puerta desde afuera. ― ¡No, hermano! ― ella corre y se aferra a la cintura de su hermano. ― No me dejes. ― Solo será por un momento, Nyx, lo prometo. Volveré por ti. ― Caweys sujeta a Nyx por los hombros y la empuja levemente hacia el interior de la habitación. ― Necesito que sigas con nuestros hermanos mientras trato de ayudar a papá y a mamá. ¿No quieres que ayude a papá y a mamá? Nyx solo asiste con un sollozo. Caweys se arrodilla para abrazar a su hermana, él mismo sentía la angustia y la opresión por toda la situación que se desarrollaba contra ellos. Besa los labios de su hermana y la empuja al interior de la bodega. ― Te amo, hermana. ― se despide Caweys antes de cerrar la puerta. ― ¡Hermano! ― grita Nyx golpeando la puerta de hierro mientras volvía a sucumbir al llanto. ― Debemos irnos, Caweys seguro nos alcanzará en el refugio. ― insta Cyrus tomándola en brazos. Ella se retuerce, no quería irse y dejar a su hermano. Los alaridos de su padre se escuchan más cerca, sus fuertes pisadas hacían temblar las paredes. Antes de cruzar el umbral, antes que la fría brisa de la noche golpeara su rostro, antes de escuchar a Nisha maldecir y a Cyrus ahogar un sollozo, Nyx escucha el grito desgarrador de su hermano. ― ¡Caweys! La alarma de su celular sonó puntual a las 5:30am, pero ella ya estaba despierta. Había tenido otra vez ese sueño que perturbó su descanso. No, era un recuerdo convertido en pesadilla. Ese había sido la última vez que había visto a sus hermanos y había estado en ese lugar. Desde entonces han pasado décadas, y ella solo había huido de un lugar a otro con la esperanza de que no la volvieran a encontrar. Un murmuro soñoliento tensa su cuerpo. Su compañera de habitación, Rebeca, estaba despertando por motivo de su alarma, o por lo menos parecía despertar cuando la escucha balbucear preguntando la hora. Silencio, seguramente se ha vuelto a dormir. Nyx se levanta y camina de puntillas hacia el baño a tomar una ducha rápida, pero otra vez la voz inentendible de su amiga congela sus movimientos. Decía que tenía frío, su cuerpo estaba enrollado en una fina sábana y en la inservible manta del hotel, sumando a que el aire acondicionado era una antigüedad que milagrosamente funcionaba. No logra saber con exactitud cómo apagarlo, unas rendijas de madera protegían todo el caparazón del aire, por lo que optó por lanzarle a su amiga la manta que ella había traído de su casa, ganándose una queja cuando ésta dio con fuerza contra la espalda y parte del rostro de Rebeca. Apresura un "lo siento" y se pierde tras la puerta del baño. El agua que salía de la ducha estaba helada, «este hotel de mala muerte», piensa Nyx entre espasmos y escalofríos, apresurándose en su baño sin mojarse la cabellera castaña ceniza. Se viste, trenza su cabello, y limpia sus dientes: juguetea con sus caninos con su lengua. Una leve sonrisa asoma en sus labios cuando recuerda que sus amigos le decían que parecía un vampiro por la forma de sus colmillos. Para ellos eran criaturas de leyendas antiguas o personajes de películas. Sin embargo, su sueño le decía la verdad de lo que ella realmente era. Sale del baño encontrándose a Rebeca aún en cama. Arregla la maleta para el viaje, guardando solo lo necesario en un bolso que lo cargaría en sus hombros. Observa el reloj que marcaba las 6:00am, debía de apresurarse en despertar al resto de su grupo antes que se les hiciera tarde para desayunar y encontrarse con el resto. Despierta a Rebeca avisando que iría a despertar a las demás, a lo que ella responde que en unos minutos estaría lista. Baja las escaleras en silencio. Al llegar a recepción ve al recepcionista durmiendo en un sofá, con una manta infantil cubriéndole el rostro. Lo pasa con sigilo para llegar a las demás habitaciones, pero se le presento el problema de no recordar con exactitud la habitación en que se alojaban las demás. Estaba de pie frente a la que creía que era la habitación, pero temía equivocarse. La puerta a su espalda se abre, de ella sale un señor mayor con abundante barba blanca y gris como su cabello. La observa ceñudo, y Nyx puede percibir un olor particular en él. Recuperándose del asombro, ella murmura unos "buenos días" que el señor parece no oír, y sigue de largo sin voltear a mirarla una vez más. Prefirió pasarlo por alto, y llama a la puerta frente a ella con insistencia para hacerse notar. Sabía que sus amigas estaban ahí, el olor de ellas se sentía levemente desde la entrada. Logra oír movimientos en el interior de la habitación, y unos pasos acercándose. La puerta se abre mostrando un rostro soñoliento. ― ¿Qué sucede? ― pregunta su amiga en un bostezo, frotándose los ojos. ― Vine a despertarlas, como lo prometí. ― responde Nyx con una sonrisa. Sin embargo, lo único que se gano fue un ligero bufido de parte de su amiga, que regresa a la cama dejando la puerta abierta para que entrara. ― ¡Por Dios, Nixie! Son las seis de la mañana. Ignora el diminutivo de su nombre y se dedica a buscar con la mirada a la otra de sus amigas. Nota, con sorpresa y extrañeza, la posición de las camas: ambas estaban pegadas una de la otra. Se preguntaba cómo habían podido moverlas, suponiendo el peso que tenían. ― No preguntes. ― escucho la advertencia de su amiga, quien leyó con claridad la duda en su rostro. ― ¿Buenos... días? Una voz rasposa emerge entre las sábanas mientras estiraba su cuerpo. Observa a Nyx media dormida y pregunta la hora. 6:15am, ya se estaba haciendo tarde. Bostezando pesadamente, su amiga toma una toalla y se dirige al baño. ― No te vayas a dormir de nuevo, Lizzy. ― advierte Nyx acostándose junto a ella. ― Voy a esperar a que Jane salga. ― respondió jugando con el celular. ― ¿Qué tal dormiste, Nixie? ― Bien. ― miente Nyx. Se había despertado innumerables ocasiones a causa de los recuerdos que la atormentaban en sueños. Su amiga la observa a los ojos con detenimiento, buscando una respuesta a algo parecido. A Nyx no le gustaba esa mirada, no sabía que podía descubrir con solo mirarla. ― ¿Segura? ― como lo había supuesto, ella encontró algo en sus ojos. Difuso e inentendible. ― Sí, Elizabeth. ¿Qué tal tu noche? ― Dormí como un tronco. Nyx sonríe por su comentario, en parte la envidiaba por su suerte. A los minutos salió Jane del baño ya vestida. Er turno de Elizabeth. 6:45am Tarde, demasiado tarde. Estaba en el centro de la pequeña ciudad y no pasaba un solo taxi. Nyx se estaba desesperando, el transporte pasaría a buscarlos en el punto de reunión a las siete en punto. Antes de que volviera a maldecir, y que pudiera sugerir que caminaran, un auto blanco apareció es su campo de visión. Disponible y con diez minutos para llegar y comer. Casi se abalanza sobre el auto para detenerlo, pero Elizabeth la sujeta por el bolso impidiendo cualquier locura. 6:57am A menos de media cuadra del punto de encuentro, el taxi se detiene dejando a sus pasajeros. Las cuatro chicas se separan en parejas para movilizarse mejor: Jane y Rebeca fueron a comprar el desayuno, mientras Elizabeth y Nyx iban a dejar las maletas en la casa de encuentro. La mayoría ya se encontraban ahí, los mayores y uno que otro joven, las regañaban por su tardanza por quedarse dormidas. ― ¡Isaac! ― canturrea Elizabeth en un tono meloso que a Nyx le dio escalofríos. Un hombre alto y de piel oscura sonríe al verlas, mostrando su blanca dentadura. Elizabeth lo abraza y lo besa con cariño. En cambio, Nyx lo saludo desde la distancia. No era que le desagradara, le tenía cariño como cualquier otro amigo, pero no quería darle falsas ilusiones. Elizabeth le había dicho que Isaac gustaba de ella, y le instaba a que se diera una oportunidad con él, que era un buen chico y que nunca le haría daño. Nyx sabía que todo eso era verdad, pero no quería con él, simplemente era un amigo. Ella era cariñosa, y se sentía mal por ser arisca con él, pero no quería lastimarlo. ― ... ¿y tú qué tal dormiste, Nyx? ― Bien, gracias por preguntar. ¿Qué tal dormiste tú, Isaac? ― Bien, gracias a Dios. Nyx, quería... ― Ya que estamos todos. ― la voz de uno de los guías irrumpe en el lugar. ― Vamos a irnos de forma ordenada a los vehículos de excursión. Nos vamos subiendo a los Jeeps según los vaya llamando. Nyx se sobresalta y comienza a buscar a Jane y a Rebeca, ellas tenían su desayuno. Por suerte, le toco ir con ellas en el mismo grupo. Mientras comía, observa con cierto aire ausente el paisaje a medida que abandonaban la ciudad. Se adentraban a un valle asechado por la sequía, un logar de aventura controlada que la comenzaba a molestar. No era por el lugar o la aventura en sí, era por los "frágiles nervios" de algunas madres que vinieron con ellos. Sobre todo, los "frágiles nervios" de Marta que se quejaba constantemente a su lado. Imágenes de su sueño se dibujan en su mente, bloqueando la vista del paisaje exterior con escenas espantosas. Las voces alegres de sus amigos y las quejas de Marta fueron haciéndose cada vez más distantes. Solo podía escuchar el llanto de sus hermanos mientras corrían por la noche, huyendo de lo que antes era su hogar. Recuerda como Nisha jala de su vestido arrebatándola de los brazos de Cyrus. La tira al suelo con fuerza, y la sujeta por el cabello hundiendo su rostro en la tierra. Su hermano trata de apartar a Nisha para que la liberara, pero su hermana estaba fuera de control. Podía sentir el olor y sabor de la tierra mojada por sus lágrimas, sus manos sangrantes tratando de arrastrarse para liberarse del agarre de su hermana. ― ¡Suéltala, Nisha! ― ordena Cyrus luchando contra ella. ― Tienes que calmarte. ― ¡No! ― ruge Nisha apretando con fuerza el pequeño cuerpo de Nyx. ― Madre tenía razón, esta niña solo a traído desgracias desde su nacimiento. Sí muere, todo estará bien. Todo volverá a estar como antes. ― Te he dicho que la sueltes. Sujetando a Nisha por el cuello, Cyrus la levanta y la lanza contra los árboles. El cuerpo de Nisha golpea con un sonido seco contra el tronco, tarda unos segundos en incorporarse y observar a sus hermanos con los ojos rojos, al igual que Cyrus la miraba. Como pudo, Nyx toma una bocanada de aire, sintiendo el olor de sangre y tierra contra sus fosas nasales. Se arrastra y trata de levantarse. Tiene que huir de ahí, Nisha iba a asesinarla si no lo hacía, debía de encontrar el refugio y esperar a Caweys con papá y mamá. Corre hacia la dirección que creía que era, dejando atrás los gritos de sus hermanos. No podía volver. No sabe cuánto tiempo ha corrido, sus piernas cansadas no se detienen. Corre por el bosque mientras sus lágrimas fluyen, quería que todo esto terminara. No se da cuenta cuando pisa una trampa y una red la eleva por los aires. Se retuerce en la red como un animal asustado, pero no logra liberarse. Es un olor en particular quien detiene sus esfuerzos por liberarse, voltea y encuentra un hombre de barba y cabello blanco. «¡No puede ser!», piensa Nyx para sí saliendo de su ensoñación. El hombre que la encontró aquel día en la red, era el mismo que había visto en el hotel. «No, ¿será posible?». Analiza y tiene grandes similitudes, pero el olor de ambos era levemente diferente. «Quizás este confundiendo los sueños con la realidad. Probablemente fue otra persona, han pasado demasiados años para que sean la misma». ― ¿Nyx? ¿Estás bien? Ella parpadea repetidas veces volviendo al presente. Se dio cuenta de que ya habían llegado y que todos habían bajado del vehículo. Isaac la observa con preocupación. Le repite la pregunta sobre su estado, y ella solo se apresura a responder que todo estaba bien, y baja del auto. ― ¿Segura? ― insistió ― Sí, segura. ― sonríe con cariño ―. No tienes por qué preocuparte. No muy confiado por sus palabras, pero prefiere pasarlo por alto y caminar juntos alcanzar al grupo. En el trayecto, pocas casas se veían, y algunos hombres pasaban junto ellos con su ganado, lo que causo algunos gritos de las mujeres cuando se les acercaba una vaca a olfatearlas. Caminaban por donde debía haber un río, estaba completamente seco como su entorno. La sequía había arrasado con fuerzas, que en la actual época de lluvia no ha podida hacer florecer completamente el paisaje, pero llovería como ayer y debían estar atentos. Nyx observa a todos en silencio, como charlaban y jugaban mientras caminaban animadamente por el viejo río. A su lado, Jane y Elizabeth hablaban como cotorras con Isaac. A veces pensaba que a Lizzy le gustaba Isaac, pero a su punto de vista, su muestra de cariño llegaba al acoso, pero Elizabeth también era así con ella. Por momento pensó que lo que decían de los sentimientos que tenía Isaac por ella eran mentira, porque él era amable y cariñoso con todos. ― Es cierto que a todas las trata con cariño, pero a ti es a quien trata de una forma más especial ― recuerda las palabras de Elizabeth cuando llegaron al pueblo. ― Si en verdad no sientes nada por él, ni siquiera una gota de amor en el fondo de tu corazón, es mejor que seas clara con él, porque tu forma de ser cariñosa puede darle otra idea que no es la correcta. Habla con él y aclara todo el asunto. «¿Hablar con él y aclarar todo el asunto?», se repite Nyx mentalmente. Sonaba tan fácil, pero no lo era. Ella temía complicar más la situación, por lo que suspira derrotada al no saber qué hacer. Sin previo aviso, un brazo rodea su cuello y la acerca de forma brusca a las costillas de Elizabeth, ¿a qué se debía este repentino abrazo? Un escalofrío recogió su cuerpo ante la mirada de su amiga, eso solo significaba una cosa. Trata de sonreír a pesar de la incomodidad que sentía estar en esa posición, pero no funciona en lo absoluto, Elizabeth aún la miraba de esa manera penetrante y ceñuda en busca de una respuesta. Nyx ahoga un suspiro y se prepara para la ronda de preguntas que estaba por venir. ― Has estado extraña todo el día. ― comenzó a decir Elizabeth ―, estas más tranquila de lo normal. Me estas asustando, ¿sucede algo malo? Primera pregunta, ahora la respuesta. Debía encontrar una que fuera lo suficientemente creíble para satisfacer a Elizabeth. ― No sucede nada, Lizzy. ― responde con una sonrisa ―, solo tengo sueño. ― ¿Segura? Habías dicho que dormiste bien. La segunda pregunta deja al descubierto que ha metido la pata al hablar. Tenía que pensar algo rápido. ― Así es, pero no te dije a que hora fue que me dormí. ― aclaro tranquila, aunque un por dentro rogaba que le hubiera creído. La ve desconfiar por unos segundos para luego darle un leve empujón, alejándolos a unos pasos de las miradas curiosas de Jane e Isaac, sin soltarla de su abrazo. ― ¿Y tú corazón? ¿No tiene a nadie que lo haga latir de forma especial? ― pregunta Elizabeth en un susurro. Esa era la tercera pregunta que esperaba. Cada suspiro, cada momento que se perdía en sus pensamientos, para Elizabeth significaba que está sufriendo algún tipo de desamor. Aunque sí existía alguien que a habitado en su corazón por años, no era el motivo de sus suspiros y desvelos. Aún recordaba su primer amor, con su cabello como los trigos en plena cosecha, sus ojos verdes como el musgo del bosque, y una sonrisa que seguía causando que su corazón vibrara como las alas de un colibrí. Sin embargo, el que regresara con esa persona solo traería como consecuencia el volver a aquel pasado que ha deseado olvidar por décadas. Es cierto que ansiaba verlo, al igual que su familia, pero una parte de ella le tenía terror a la idea y repudiaba la esperanza de volver a verlo. ― Por los momentos no. ― responde Nyx simplemente sin querer entrar en detalles. ― Sabes que puedes contarme lo que quieras, que yo te escucharé. No dudes en pedir mi ayuda para cualquier cosa. ― dice Elizabeth sonriendo. Así concluía la pequeña ronda de preguntas, por lo menos, por un tiempo. Trato de hablar más con otras personas del grupo, ayudando en una u otra cosa mientras llegaban al campamento. Pasada la hora desde que comenzaron a caminar, llegaron a su lugar de destino. Una laguna se extendía a la vista como un espejismo, haciendo un alto contraste a la naturaleza seca que lo rodeaba. Todo el lugar se llenó de risas y gritos al darse un chapuzón en el agua para refrescarse. ― ¡Oh, Jane! ― el canturreo de Eleazar hizo voltear a verlo. Él sonreía con una travesura brillando en sus ojos. Asecha a Jane impidiendo su huida, la sujeta y la carga sobre sus hombros para correr hacia la laguna. A pesar de los gritos y las súplicas, Eleazar tira a Jane al agua. Nyx ríe ante esa travesura, a su lado Isaac trataba de ocultar su risa sin éxito ― ¿Quieres entrar al agua? ― pregunta Isaac extendiendo su mano hacia ella. Nyx sonríe levemente. ― Gracias, Isaac, pero creo que descansaré un poco. Al rato los alcanzo. Isaac tuerce sus labios en un puchero antes asistir. Nyx decide descansar bajo las sombras de los árboles cercanos. Le era placentero ver a todas esas personas reír y divertirse sin ningún tipo de preocupación, los envidiaba por poder vivir una vida a plenitud, aunque mucho más corta que la suya. Comienza a dormitar, acunada por la brisa, y logra dormir sin sueños. No sabía con exactitud el tiempo transcurrido, si solo había dormido unos minutos o un poco más. Tal vez fue al menos una hora, el olor a leña y sopa golpeo sus fosas nasales. Al igual que un grito desgarrador que le trajo a la memoria al de Agastya, no obstante, quien gritaba esta vez era Marta. Su hija Mary estaba desaparecida. Todo este tiempo había creído que se encontraba con su grupo de amigos, pero, al repartir la comida, se dio cuenta de todo lo contrario. ― Eleazar y Mauri ― llama Vere, el padre de una de las chicas. ― Irán con Robert a buscarla por el mismo camino en que vinimos. Los demás, será mejor que esperemos su regreso. Dicho eso, los tres partieron en su búsqueda. Escucha a Jane murmurarle a Isaac, que estaba a su lado, que ayudara a calmar a Marta. Nyx opta por olfatear el lugar con disimulo. Siente una variedad de olores, pero no el de Mary. Por más de tres cuartos de hora habían pasado sin noticia alguna. Eleazar y los demás habían vuelto sin resultado, lo que había causado que la pena de Marta se volviera insoportable. Nyx se había dedicado de caminar entorno al campamento buscado su olor, pero se había evaporado como si nunca hubiera pisado el campamento. ― Señorita Janoj, por favor no se aleje del campamento. Nyx había caminado hasta el otro extremo del campamento, fingiendo estirar las piernas, cuando Vere le pide retornar. Ella se disculpa y comienza a caminar de regreso cuando escucha unos pasos tras de ella, lo que la hace suspirar de alivio y girar sobre su eje para recibir a Mary. Pero sus ojos vieron fue todo lo que menos esperaba ver. A primera vista, podría pasar por otro campista, con sus bermudas negras y su camisa roja. Era un simple joven que disfrutaba refrescarse de la laguna, pero para Nyx, estaba muy lejos de ser un simple muchacho. El olor y sus profundos ojos verdes hacen que comience a hiperventilar. Se repite mentalmente que solo era una ilusión, que seguía dormida bajo el árbol. Se pellizco discretamente la pierna. No estaba soñando. Nota como sus compañeros guardan silencio, y miran al extraño con expectativa. Lo entendió todo. Él en verdad estaba ahí, sonriéndole como tiempo atrás, una sonrisa que era solo para ella. Una oleada de emociones se debate en su interior: quería correr y abrazarlo, decirle que la perdonara si le había hecho algún mal, que lo había extrañado muchísimo; pero también quería huir, alejarse lo más posible de él como lo había hecho tiempo atrás. Sin embargo, ella permanecía inmóvil en su sitio, mientras que sus labios logran pronunciar su nombre por inercia. ― Artys... La sonrisa de él se ensancho, y camino hacia ella tranquilamente con las manos en la espalda. Un gesto que ella recordaba cuando iba con ella a cualquier parte como su guardián, o como le gustaba llamarlo Nisha, su mascota. ― Por un momento creí que te habías olvidado de mí... que no me recordarías. ― confiesa Artys con una voz profunda y ronca, que Nyx pudo jurar oír que las chicas a su espalda habían suspirado. ¿Olvidarlo a él? ¿Cómo iba hacer cosa semejante, si lo encontraba en todas partes? Le era algo imposible de aceptar y de realizar, más después de todo lo que han vivido juntos. Siente como acaricia su mejilla. Instintivamente cierra los ojos para disfrutar más. ¡Cómo lo había extrañado! Pero ahora era tan distinto. Podía percibir la dureza de su torso en sus manos a pesar de la fina tela que lo cubría. Su aliento sobre su rostro, su abrazo posesivo al nivel de sus caderas acariciando su espalda, su voz pronunciando su nombre... ― Nyx... ― el susurro de Artys a centímetros de sus labios. Esa cercanía estaba causándole el mismo placer que le hacía sentir desde la primera vez. ― Por favor, perdóname... Pero debes regresar.

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