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Dragon Fighter: The Legend of the Hollow Champion (ESP)

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Relula no buscaba la fama ni los títulos que muchos persiguen con fervor. Como descendiente de una noble estirpe de dragones, su vida estuvo marcada por expectativas y responsabilidades que poco tenían que ver con sus verdaderos deseos: ser feliz, sentirse querida y vivir con tranquilidad.

A pesar de su talento innato, el corazón de Relula siempre estuvo en conflicto con su legado. La única persona capaz de entenderla y brindarle paz le salvó la vida a costa de la suya, dejando atrás un deseo que ahora ella lleva consigo, aunque no está segura de poder cumplirlo.

Con el vacío que ha dejado esta pérdida, Relula emprende un viaje interior: no para convertirse en leyenda, sino para reencontrarse con aquello que de verdad importa. Porque a veces, incluso las campeonas deben aprender a escuchar lo que su corazón calla.

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El Comienzo de la Leyenda
Contexto de la obra. El mundo de Dragon Fighter ocurre en una realidad paralela donde humanos y dragones viven en paz, atravesando los mismos desafíos, problemas, sueños y logros que impulsaban a ambas razas a aspirar a más. Sin embargo, en este mundo, los dragones, a pesar de sus instintos domesticados y civilizados, nunca abandonaron su deseo de ser los más fuertes. Este deseo innegable impulsó las luchas más grandes, increíbles y legendarias, donde los humanos se volvían los maestros de los dragones para ayudarles a tener luchas menos violentas, más deportivas y, sobre todo, que enseñaran a los dragones honor y virtud. Existe una gran variedad de dragones que se reparten en el mundo, diferentes razas que son más comunes de ver en ciertos territorios por temas de clima y otras subrazas de dragones que son poco comunes por extraños factores que aún se investigan. Existe en el mundo una gran diversidad de dragones que tienen ventajas y desventajas contra las otras razas. La apariencia de los dragones no es tan diferente a la de los humanos, solo por visibles diferencias como colas, algunas escamas, huesos, alas, entre otras características, dependiendo de la r**a del dragón. Podría haber relaciones puras o mestizas, donde los dragones, hijos de un dragón y un humano, nacían con la mitad de la fuerza de un dragón y menos años de vida en comparación con un dragón puro. No obstante, se adaptaban mejor a la sociedad humana al tener menos presentes sus instintos antiguos, que gobernaban sus vidas de forma latente. Sin embargo, si un humano nacía de la unión de un dragón y un humano, había la posibilidad de que este llevara consigo un gen de dragón en su ADN, lo que provocaría que, independientemente de con quién se relacionara, significara que podría haber un 5 % de posibilidad de que su descendencia fuera de aquella r**a de parte de los abuelos del humano mestizo. Legenda de Relula Clockmaker. ¿Qué soy? ¿Solamente una luchadora? ¿Un símbolo familiar? ¿O un ser vivo? Desde que nací, mi vida estaba destinada a la miseria; todo porque fui una niña bendecida por la virtud, una criatura perfecta y majestuosa como yo, tenía una gran leyenda que crear en nombre de mi familia y el legado que se deseaba imponer sobre mis hombros. Mi familia era de dragones de la r**a angelical, una r**a muy común en Londres y parecida a los ángeles por sus alas y la línea dorada en su frente, parecida a una auréola. Tuve cinco hermanas y tres hermanos con grandes expectativas que cumplir y, para bien o para mal, ellos cumplían. Sin embargo, ninguno de ellos sería tan especial como yo, porque yo nací siendo una hembra dragón virtuosa, una r**a poco usual que nació por temas desconocidos aún para la ciencia actual. A pesar de ello, se conoce que un dragón virtuoso es un símbolo de perfección, gloria y talento innegable; nacemos sin debilidades como otras razas, sin limitaciones y mucho menos sin nada que nos impidiera ser casi unas deidades tanto para humanos como para los demás dragones. —¿Por qué nuestra hija no tiene una estrella en sus ojos? Si es una hembra dragón virtuosa, significa que debería tener una gran estrella en su iris que muestre su esencia perfecta —cuestionaba el padre. Un gran dragón alas de ángel de piel clara, alas, cabello y escamas grises, miraba con preocupación a su bebé que tenía aquella anomalía que era una contradicción con la naturaleza perfecta para un dragón virtuoso —Aunque adoro ese color dorado de sus ojos, la estrella de un dragón virtuoso es dorada también; las personas y dragones pensarán que ella es una bebé defectuosa o que finge ser una hembra dragón virtuosa —agregó la madre. Una hermosa mujer dragón de la misma r**a que el padre, de piel clara, cabello, escamas y alas rosas, su voz parecía preocupada, aunque más por un tema de estatus que por la salud en sí. El doctor suspira mientras termina de revisar a la hermosa bebé virtuosa enfrente de él. Era solo un hombre ya atravesando los inicios de la tercera edad, un simple humano que dedicó su vida a ayudar a los dragones a conocerse mejor a sí mismos. Irónico tal vez, pero ellos necesitaban siempre ayuda de un humano para conocer mejor su propia salud debido a una desconfianza invisible en mostrar sus problemas o debilidades a otros dragones, algunos más marcados que otros, más si eres un dragón de alta clase. —Su hija es una hembra dragón virtuosa; la estrella está ahí, como dijo su esposa, Sr. Clockmaker, debido al color dorado de los ojos de Relula, su estrella dorada no se nota, pero está ahí — El médico muestra los resultados que revelan la estrella en los ojos de la hembra —. Como ven, existe una estrella de dragón virtuoso en sus iris, pero no se nota. Según la prueba del Dr. Luiselix Kasfer, el primer dragón virtuoso que, después de retirarse de las luchas, se dedicó a la medicina y gracias a él, se nos ha proporcionado algunas herramientas y conceptos para entender mejor los fenómenos genéticos detrás del misterio de un dragón virtuoso. Se pueden ver los destellos naturales que producen las escamas doradas en su hija, la gema brillante en la punta de la cola de ella como si fuera el cetro de ella para gobernar a los demás. Sin mencionar que la estrella dorada de sus ojos está ahí, solo que ella ha nacido con dos dones o bendiciones si lo prefieren así. Así fue como mis progenitores habían descubierto que tenían en sus manos a una hija con dos dones: ser una hembra dragón de la r**a virtuosa y tener los ojos dorados de un legendario maestro de los dragones. Fuerza, talento, habilidad y la capacidad de ver a través de las fortalezas y debilidades de cada dragón; yo era en verdad una chica muy especial, entonces. ¿Por qué no me sentía afortunada? Al llegar a los ocho años, fue cuando comenzó mi pesadilla. Mis padres habían empezado a entrenar mi cuerpo con combates tras combates con diferentes maestros, con mis hermanos y con ellos mismos en estrictos horarios y regímenes de entrenamiento ridículos. Esperaban comprobar cómo mis ojos dorados y mi fuerza virtuosa demostraban cómo aquellas dos bendiciones forjaban su pequeño proyecto de la diosa de los dragones. No es que como si hubiera tenido amor familiar antes de mi entrenamiento como peleadora, pero al menos era mejor que despertar a la primera hora del día para llegar a la noche casi cuando salía la luna y yo sintiéndome muerta de agotamiento con el cuerpo adolorido por los entrenamientos y golpes. Sentía que me moriría si siguiera teniendo diez peleas al día con pequeños tiempos solo para comer e ir al baño, pero nada de vida social, juegos o tiempo en familia. Cada golpe, cada látigo por desobedecer, cada insulto o incluso cada día entero sin comida o agua mientras la cera caliente quemaba mi espalda eran cosas que mis progenitores consideraban como métodos de crianza apropiados para una niña rebelde como yo. Ninguno entendía cómo una hija con dos dones había salido tan problemática. Algo andaba mal en mi cabeza para ellos, como si una niña de ocho años tuviera algún defecto cerebral solo por no querer ser la mejor máquina de pelea a tan corta edad. No puedo estar segura de si mis hermanos estaban de acuerdo o no con el trato. Sin embargo, como ninguno me defendía o mostraba empatía por mi situación, asumí que para ellos era tan normal lo que yo sufría, tal vez ellos también sufrieron o tal vez no, solo sabía que mis hermanos y hermanas también eran distantes y fríos conmigo, la menor de la familia. Qué clase de vida, si es que podemos llamar a mi infierno una vida, una niña podía encontrar felicidad, si no fuera por mi cuidador oficial para mantener mi humor en orden, tal vez me hubiera muerto hace mucho, lo más cercano a un padre, madre y hermano era el Sr. Winston. Un simple humano que trabajaba de sirviente para los Clockmarker y, aunque a escondida, siempre me trataba de dar más de lo que sus deberes dictaban. Aun así, a pesar del gran amor que él me daba, el vacío y el dolor que me invadían me consumían cada vez más hasta mis quince años, cuando ya sentía que no podía soportar más. —Joven señorita, ¿estás segura de que no necesitas que la acompañe en el viaje? —preguntó el hombre mientras revisaba las cosas de la maleta de Relula como parte de sus funciones para que la joven chica no perdiera el tiempo en cosas innecesarias que le interrumpieran sus entrenamientos en solitario. —Aunque tenerte a mi lado sería lo único bueno de este maldito viaje de entrenamiento especial con el estúpido instructor de combates de cinco estrellas de la familia, la verdad es que temo que no es prudente tenerte cerca. Qué injusto, mientras otros jóvenes de quince años disfrutan de salidas a la playa o al cine con amigos o tiempo de calidad con sus familias, yo tengo que ir al mismo lugar de mierda que mis hermanos mayores fueron para hacer su estúpido entrenamiento —comentaba la chica mientras terminaba su sección de lagartijas —. A veces desearía haber nacido en una familia de razas débiles como dragones esqueléticos, terror oscuro o corazón dulce. ¡No! En cambio, debía nacer con dos virtudes que solo me hacen la basura más especial de todo el mundo. Solo quisiera estar en otro lugar y con otra familia; si al menos tuviera amigos para hablar, tal vez estaría un poco feliz. No pido mucho. —Sabes que puedes hablar conmigo tanto como lo desees. —dijo tratando de animar a la joven señorita. A pesar de llevarme bien con el Sr. Winston, lo último que quería era meterlo en problemas; él dependía de su trabajo y no quería que perdiera su principal fuente de ingreso por si mi plan fallaba. Al menos quería mantener a aquel buen hombre que me cuidaba fuera del fuego. A mí no me importaba ya nada de mi vida, pero la vida de él sí; si el Sr. Wiston sufría por mi culpa, jamás me perdonaría tal error solo por desear mi libertad por encima de todo. —Solo ten cuidado, conozco esos ojos, tienes una mala idea y lo último que quiero es que pases otra semana sin luz, comida y sola. Se me rompe el corazón cuando te castigan así —dijo el sirviente de Relula mientras la abrazaba con cariño y preocupación. —Lo sé, pero a veces siento que la única cosa que me recuerda que soy un ser vivo es sufrir algo, al menos me ayuda a olvidar este vacío de mi pecho. Con un abrazo que pensaba que sería el último, me fui a j***n para esperar el momento para escapar y desaparecer entre las sombras de un país extranjero y con algo de suerte podría esconderme bien. Era joven y desesperada por la libertad como un ave en una jaula pequeña. Con el dinero que cargaba en mi bolso, sin mencionar la gema que tenía en mi cola desde que nací, estaba preparada para pagar algo sencillo, pero lo suficientemente seguro. Mi escolta, a pesar de su fuerza, podía ver cómo librarme de él gracias a los entrenamientos y peleas que mi familia me hizo practicar; yo me sentía más que segura para derribarlo y salir corriendo tan rápido como mis piernas podían. Al llegar al dojo de entrenamiento del maestro Kato, mirar un mundo diferente al conocido al principio me había maravillado hasta el punto de casi olvidar que venía para entrenar y no para disfrutar de un viaje. Pude conocer a las chicas dragones de las razas alada, oceánica, terrestre y esquelética del país; parecían tan hermosas y místicas con sus atuendos, con aquellos bellos peinados y su cultura tan desconocida para mí. —Aprovecha para descansar bien esta noche, Relula San, a las 6 a.m. vamos a pulir la fuerza de tus golpes, tus reflejos y movimientos de piernas. Todo antes de las 12 p.m. para después realizar un entrenamiento que le ayude a canalizar su energía drágónica de forma eficiente y estar en contacto con sus instintos más importantes como luchadora y dragón. —dijo el señor mientras ofrecía una taza de té especial para dragones angelicales que guardaba para recibir a los hijos de la familia Clockmaker. — Pido disculpas de antemano si no tengo rosas de cenizas volcánicas, es que no recibo a dragones virtuosos tan seguidos. —Aprecio el gesto; se me enseñó a siempre valorar el buen trato y gesto de los demás que no son como yo. —Di un sorbo al té —¡Qué molesto suena eso! ¿No le irrita que un invitado actúe como si solo por tener algo especial en su sangre, este se creyera con derecho a menospreciar a otros con palabras elegantes que disfrazan la grosería? El hombre no respondió mientras veía cómo la chica se iba a su habitación; había dicho algo interesante y nunca antes soltado por un integrante de la familia Clockmaker. En la noche, cuando todo estaba tranquilo, esperé el momento en el que mi estúpido guardián tuviera que apartarse de mi habitación. Manipular su bebida con laxante había dado su fruto. El hombre no pudo aguantar tal sufrimiento y tuvo que huir al inodoro, dándome cierta libertad que podía aprovechar para alejarme del lugar. Al moverme en el lugar, podía sentir cómo mi corazón latía de la emoción y el miedo; caminaba con cuidado para no encontrarme con nadie y tener que darle alguna explicación de mis acciones nocturnas. Con cada paso que lograba dar sin problemas, más me sentía feliz, ni siquiera aquella gran puerta en frente de mí me iba a detener, era como el jefe final de los juegos que el Sr. Winston me daba para animarme y para que descansara un poco de mi rutina estresante de pelea y entrenamiento. Podía verlo, una vez que rompiera aquella estúpida puerta, vendría la gema de mi cola y me escondiría lejos, por fin mi vida comenzaría, por fin tendría una oportunidad de decidir qué hacer y sentirme como un ser vivo y no una estúpida hembra dragón virtuoso. —Es ahora o nunca —dije colocándome en posición de golpe y lista para romper lo que hiciera falta por mi libertad.

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