Francesca ―No creo que sea buena idea, Francesca― dijo mirándome fijamente―. Marko no aprobaría tal cosa. ―No necesito su aprobación, Boris― un atisbo de sonrisa aparece en sus labios―. Esto es algo que necesito hacer por mí. ―De acuerdo, vamos. Fue lo único que dijo, nos subimos a la camioneta y condujo por cuarenta minutos que se me hicieron eternos y rápidos a la vez. Había una revolución de cosas sucediendo dentro mío y no podía siquiera empezar a explicarlas, tampoco sabía cómo reaccionaría estando frente a ella nuevamente. Miedo, odio, ira, tristeza. Todo confluía dentro mío de una manera devastadora. Cuando por fin llegamos, tarde exactamente diez minutos en poder bajar del auto, Boris se quedó conmigo todo el tiempo y espero pacientemente a que estuviera lista. Cuando lo mir

