—¡Suéltala! — gritó un hombre desde la puerta. —¡No te metas! Voy a pagarle el servicio, solo quiero que me atienda como a cualquier cliente. —No es una prostituta, es mi amiga y me estaba esperando — dijo tomando a Martina de la mano para llevársela con él. —Gra-gracias señor — balbuceó Martina a aquél desconocido que la había salvado una vez más sin conocerla. El trailero se arrepintió de haberla dejado sola, era casi una niña de la edad de su hija y sabía que estaba en una situación vulnerable, su consciencia no lo dejó tranquilo por eso decidió regresar por ella y llevarla hasta un sitio más seguro. —Muchacha, yo no sé qué fue lo que pasó y por qué dices que mataste a un hombre, si me cuentas tal vez yo pueda ayudarte, puedo pagarte un pasaje a donde tú me digas para que busques a

