La primera noche de Martín en el barco fue una pesadilla, Genaro tuvo que hacer su trabajo y el de su “hijo” porque no paraba de vomitar, por supuesto se lo atribuían a que era la primera vez de Martina viajando en un barco y al no estar acostumbrada al movimiento hacía que se le revolviera el estómago. Por fortuna una vez que vaciaba el estómago podía tranquilizarse y cumplir con sus deberes que consistían en lavar los platos y ayudar al cocinero en la preparación de la comida para la tripulación. Cada noche, antes de dormir, Genaro tomaba una tabla y una tiza que había encontrado por casualidad en la proa y se dio a la tarea de enseñar a Martina a leer y a escribir. No concebía que todavía hubiera lugares donde la educación de los hijos no fuera una prioridad para las mujeres, por enci

