Rodrigo llegó con Juancho a la trilladora, ahí, unos trabajadores intercambiaron los sacos llenos de cereza recién cosechada por sacos llenos de granos de café listos para ser tostados y molidos. Pudo contar un aproximado de setenta empleados entre los recolectores y los trabajadores de la trilladora y esa gran cantidad de café debía valer una fortuna. Era imposible que la hacienda no hubiera generado ganancias durante esos cinco años, por lo que era más que obvio que Amador había estado robando durante todo ese tiempo. Cuando llegaron al puerto de Veracruz, Juancho lo presentó con el representante de la naviera, quien estaba creído que Amador era el dueño de la hacienda y se sorprendió al saber que había huido al ver descubierto su fraude. —Amador Salazar comprometió ciento cincuenta s

