—¡No grites! No grites, te juro por diosito santo que no te voy a hacer daño. Vine a pedirte perdón hermanita. Estaba muy borracho y no sabía lo que hacía, pero te juro que no va a volver a pasar. Perdóname, por favor. Martina no sabía si creer en las palabras de Braulio, nunca antes la había llamado hermanita y nunca se imaginó que sería capaz de pedirle perdón. —No sé si creerte Braulio, siempre has sido malo conmigo, desde niños te la pasabas pegándome y haciéndome llorar. —Yo lo sé, pero te juro que nunca más te volveré a hacer daño. Es más, para que me creas, te traje un regalo. —¿Un regalo? La única vez que me diste un regalo fue el vestido con el que me vendiste. Nada que venga de ti puede ser bueno. —Mañana es tu cumpleaños, nuestra madrecita siempre decía que tú habías nacido

