Daniel permaneció frente a ella, observándola con su penetrante mirada, Sofía intentaba luchar contra su fuerte atención, pero se sentía acorralada, como si los ojos verdes grisáceos del castaño le estuviera desnudando el alma y así descubriendo sus más oscuros deseos. La respiración de Sofía se torno pesada y forzosa, sentía que le faltaba el aire, de repente su boca se sentía seca, estaba sedienta, pero no era por falta de agua, sino por falta de placer, ese placer que hacía mucho no sentía, ese placer que Daniel le había dado la noche anterior con su corto beso. Pero si lo besaba de nuevo, se complicarían más las cosas entre ambos, Sofía no quería presionarlo y alejar al único que estaba dispuesto a protegerla “¿Qué es esto que siento por él? ¡No lo entiendo!“ Repetía la castaña en su

