Cuando la entrenadora volvió y me vio todavía media ahogada se asustó mucho, pensó que ese momento de mierda había sido su culpa, por haberme dejado sola, creyó que había sido un accidente por no saber nadar. Y por más que me apenó mucho, no la desmentí, no podía decir la verdad pero le dije que no se preocupara, que había sido mi culpa por intentar nadar cuando ella no estaba presente. Cuando salí, los escoltas me esperaban afuera como siempre. No me explicaba cómo un sicario de La Muñeca había podido llegar hasta mí con ellos cuidando, lo que me hizo sospechar que alguno de ellos, podría ser un traidor. Les pedí que me llevaran directo a mi casa, quería asegurarme de que mis padres estaban bien. Cuando llegamos nos encontramos con la noticia de que la constructora ya había comenzado co

