bc

Mafia, Pasión y Poder

book_age18+
2.3K
FOLLOW
16.4K
READ
billionaire
killer
arrogant
dominant
badboy
goodgirl
drama
bxg
city
lies
like
intro-logo
Blurb

Carolina es una joven hermosa que vive en una colonia popular en una de las ciudades más grandes del mundo, ella vive cansada de ver como su padre alcohólico maltrata a su madre sumisa y sin carácter para dejarlo, su único escape, es salir a bailar con su amiga Julia, que siempre está rodeada de amigos dispuestos a invitarles lo que quieran consumir.

Los excesos, se vuelven parte de su vida cotidiana, el alcohol y las drogas la envuelven casi sin darse cuenta.

Su vida da un giro inesperado cuando conoce a Rafael Arizmendi, el dueño del bar al que acostumbra ir. Rafael es un hombre joven, guapo y poderoso, quien no duda en convertir a la joven en su amante, llenándola de lujos y atenciones.

La vida de Carolina se vuelve como un cuento de hadas, incluso para su familia, sin embargo en la vida de Rafael, no todo es lo que parece, la pasión no siempre es suficiente y Carolina no tardará en descubrir que la vida, no es color de rosa.

¿Podrá el amor de Carolina cambiar la vida de Rafael? ¿Será la pasión más fuerte que el dinero y el poder?

chap-preview
Free preview
Capítulo 1
¿Cuál es su nombre? Preguntó el hombre bajito y regordete que estaba frente a mí, abrí la boca para hablar, pero ella se me adelantó. —Se llama Carolina, Carolina Méndez y tiene veinte años de edad. Escuchar a esa mujer decir mi nombre y mi edad me hizo recordar el día en que todo empezó y lo que me trajo hasta aquí. Era el día de la madre y mi padre llegó ebrio como todos los fines de semana, al igual que los días de quincena o los días que ganaba la cruz azul y también los que perdía. No era raro que mi padre se pusiera hasta las manitas, una cerveza se convertía en un cartón y hasta que se le terminara el dinero no se detenía, pero como era día de la madre llegó más temprano que de costumbre y no llegó solo, invitó a su compadre a comer. Como siempre mi madre se limitó a cocinar inmediatamente para atender a su esposo y a su invitado, yo me encerré en mi cuarto mientras sentía la lasciva mirada del amigo de mi padre violando mi piel con su asqueroso morbo, mientras mi progenitor ni siquiera se inmutaba al respecto, así que le di un abrazo a mi madre y me escabullí a la calle. Hacía unos días que había cumplido diecinueve años, ya era mayor de edad y trabajaba en una tienda de abarrotes para ayudar con los gastos de la casa, así que me sentía con la libertad de no darle explicaciones a nadie sobre lo que hacía o dejaba de hacer. En la esquina de la casa me esperaba Julia, mi mejor y única amiga, ella no se atrevía a acercarse a mi casa porque mi mamá la alucinaba, porque según ella, se vestía como piruja y andaba en malos pasos “El que anda con lobos, a aullar se enseña” me decía — no quiero que te juntes con ella o te va meter en sus cosas — me insistía, pero yo ya estaba grandecita como para saber lo que hacía y Julia, no jamás me vi obligada a nada. — Te estaba esperando mana, te tardaste un chingo. — Como tú no tienes madre pendeja, te vale madre la mía, me entretuve ayudándole a cocinar. — Sí que la tengo, cabrona, aunque no lo creas, nada más que está bien guardadita en un cajón. Ándale vámonos que ya nos han de estar esperando. —¿Estás segura de que nos van a dejar entrar? Ese puto antro se ve bien mamón, para puro pinche niño fresa. —¿Con quién crees que vas mamacita? Mis amigos tienen el varo para entrar hasta el antro más vergas de la ciudad, ya verás que nos van a tratar como reinas, tú nada más no te pongas tus moños culera, no me vayas a poner en vergüenza. — Ni madres, ya te dije que si no me gusta el amigo de tu amigo yo no jalo, la última vez que te hice caso, terminé cogiendo con el pinche feto de cuasimodo. — Ahorita te quejas, pero qué bien te oí gemir cuando te la metió todita ¿y el regalito que te dio? te sacó de varias broncas ¿o no? Me quedé con la boca abierta cuando llegamos a la plaza, allí nos esperaba su amigo, se cargaba una troca a toda madre, nuevecita, como las que salen en las películas. —¡Qué onda mamacita! — dijo el bato plantándole un besote a Julia y agarrándole el trasero, no puedo negar que me dio un poco de envidia, el chavo estaba guapo y se veía forrado de billetes. — Mira mi rey, ella es la morra de la que te hablé, se llama Carolina y es jaladora, no se agüita con nada. Me miró de arriba abajo, yo me paré con las manos en la cintura para que me viera bien, practicamente se le caía la baba al ver mis piernas y mis pechos. No es por nada, pero Julia no me llegaba ni a los talones, todas las mañanas me levantaba temprano y hacía ejercicio viendo videos de You Tube, tenía el vientre plano, las piernas largas y torneadas y las chichis grandes y paraditas, el cabello largo y n***o, y mis ojos café claro parecían de miel, más de una vez paré el tráfico moviendo las caderas. Todo esto y más hacia que los amigos de mi padre buscaran cualquier pretexto para ir a meterse a nuestra casa. — Muy buena tu amiga, “el Zorro” se va a rayar, ¿y no te vas agüitar si luego intercambiamos no mamacita? — Pude darme cuenta de que, a Julia no le gustó nada el comentario, ella era bonita y tenía buen cuerpo, pero no tanto como yo, sin embargo, disimuló su enojo y dijo que sí, que no había bronca. Nos montamos en la camioneta y me deslumbró el lujo y la comodidad, los asientos de piel estaban suavecitos y olía como a muñeca nueva. Llegamos al antro, era el que estaba de moda en la ciudad, la fila para entrar era muy larga, los juniors y las niñas fresas esperaban a que abrieran para que les dieran el paso, el valet parking recibió la camioneta del Sami y en ese momento llegó otra camioneta igual de perrona que la de él, el chavo que se bajó no estaba tan guapo, pero sin duda tenía mejor cuerpo, uff y el calorcito que empecé a sentir cuando caminó a hacia nosotros y saludó a Sami fue genial, porque eso quería decir que a mí me tocaba montarlo. —¡Qué onda pinche zorro! Pensé que te ibas a rajar cabrón, me iba a tener que comer a las dos pollitas yo solo. — No mames, es que el patrón me mandó a dejar un paquete, y pues ni hablar, a él no le puedo decir que no. — Ja, ja, ja Todavía no nace quien le diga que no, y que siga vivo wey. Mira, ella es Carolina. El chavo me miró y se mordió los labios encuerándome con la mirada, me di cuenta de que se le paró solo con verme, la noche pintaba para ser muy divertida, más de lo que me esperaba. Me quedé boquiabierta cuando solo con un ademán, los guardias de la entrada nos dejaron entrar, ni siquiera tuvimos que formarnos, los niños fresas repelaron y porque entramos antes que ellos, mis nuevos amigos sí que tenían la vara alta, y esperaba que también la tuvieran gruesa. Los meseros nos dieron una de las mejores mesas junto a la pista y se dirigían a Sami y al Zorro como “señor” así que supuse que ya eran clientes frecuentes, porque ninguno de los dos tenía más de veinticinco años, en realidad se veían bien morros. Pidieron una botella de whisky, del caro, y comenzamos a brindar y a bailar, en poco tiempo la pista se comenzó a llenar, el perreo era cada vez más candente, mi cuerpo sudaba y vibraba al ritmo de la música, el Zorro bailaba detrás de mí y restregaba su paquete contra mi trasero, lo tenía tan duro que casi sentía que atravesaba el pantalón. Mi cuerpo estaba caliente, necesitaba sentir esa v***a taladrar mi cuerpo, de pronto, sacó de su bolsillo una pastilla, yo sabía lo que era, ya las había probado antes, la puso en mi lengua y yo me la tragué, la euforia no tardó en llegar, había demasiada gente en la pista, así que me subía la mesa, allí comencé a mover mi cuerpo, las miradas masculinas me encendían, casi podía sentir cómo me encueraban y me recorrían la piel, fue entonces cuando mi mirada se cruzó con la suya, un hombre estaba sentado en la mesa del fondo, como queriendo pasar desapercibido. Pero no era un hombre, era un pinche dios bajado del olimpo, vestido de traje con los zapatos brillosos, tenía en la mano una botella con agua y el hombre parado detrás de él, era sin duda su guarro. Sin dudarlo ni tantito, comencé a bailar para él, su mirada me recorría desde las piernas hasta los ojos, tomé una copa y la levanté para brindar con él, pero cuando levanté la mirada, él ya no estaba, se había ido. Lo busqué con la mirada por todo el antro, las manos del Zorro acariciando mis piernas me volvieron a la realidad, quizá lo había alucinado, ¿qué podía hacer un hombre vestido como él, en un lugar como ese? ¿quién iría a un antro a beber agua?, seguramente la pastilla me había hecho un efecto extraño, así que seguí bailando, la noche era larga y apenas comenzaba.  

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
25.8K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
54.4K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.7K
bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
101.9K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K
bc

Profesor Roberts

read
1.5M

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook