La suave brisa del Bosforo acarició mis mejillas y el vino mezclado con Raki hicieron el trabajo de relajar mi cuerpo. El vestido y sus tirantes ayudaron a poder luciar de la misma manera que ellas ese sensual escote corazón ante cada movimiento de pechos mismos que seguían el compás de mis manos, como pausados latidos que remataban con una sensual vista de ellos. Gianni cruzó sus piernas con elegancia e inquieto, se afirmó al asiento. Sus ojos, el deseo que emanó de ellos, no fue suficiente para hacerme parar. Bailar servia para quitar las penas y yo tenia muchas encima. Mis dedos traviesos lograron tocar sus labios para despues alejarme, como si el solo hecho de haberlo tocado, estuviera mal. Se movió incomodo y regresó sus piernas a la posicion original. Muy mala decisión. Cuando pens

