Pude disfrutar de eso durante mucho tiempo, de no ser, porque terminó lanzándome violentamente contra el asiento acolchonado y metiendo su cabeza dentro del vestido. Besó el interior de mis muslos y se aferró a ellos, besando sobre la tela y atreviéndose inclusive a poner un poco de saliva para buscar que el interior se trasparentara más. La tela cubría su rostro, pero eso no me impidió sentir, como sus dedos hacían a un lado la ropa interior y comenzaban a chupar. Abrumada, apreté uno de mis pechos y jadeé. Si pasábamos demasiado cerca de otro barco iban a vernos, no importó. Los meseros iban a escucharme, tampoco importó. Solo importó el placer de tenerlo allí. Casi pude escuchar un sonido de satisfacción, cuando chupó y lamió con inteligencia. Mis piernas se cerraron ante la corrient

