ZAMBRONE, CALABRIA. La soledad allí dentro era realmente brutal. El cristal provocaba la sensación asfixiante de apenas y poder respirar. Aunque toleré bien dos días, al tercero decidí que era más que suficiente. No iba a quedarme viendo las paredes, revisando que habia en la cocina y perdiendo mi tiempo entre los nuevos y ya necesarios aparatos electrónicos. La tarde estaba cayendo y la vista era simplemente espectacular desde la colina. Los riscos, la arena blanca que parecía brillar con el reflejo del sol y el agua cristalina eran fascinantes. La tormenta que amenazaba el primer día que llegamos, se esfumó con el viento huracanado y dio entrada a un grandioso clima de sol y de calidez. Espectacular. Mis pies se movieron con cuidado entre la piedra. Encerrarse en la casa no era opci

