Martino no se habia detenido a pesar de mi orden. —¿Quieres que me ponga agresiva contigo? Levantó sus manos y se encogió de hombros. —No es que eche en saco roto la amenaza—subrayó mirándome a los ojos con seriedad—, pero entre esa muerte y una a manos del Don, prefiero la tuya. Tengo instrucciones de cuidarte. Ahora Nerio no está, pero las cosas se pondrán más duras pronto, porque él será tu sombra. Deberías disfrutar de los días aquí, porque son tranquilos. —Contigo a mis espaldas no puedo llamarlos tranquilos—exclamé siendo poco agradable. —Lamento mucho que sea así. —Si lo lamentaras, ya me habrías dejado sola. Me senté sobre la cama y lo aniquilé con la mirada. Tenia que irse. Quería estar sola. —¿No vas a perdonarme? ¿Verdad? —Ni Judas fue tan traicionero. —¿Pero fue una

