—No se puede llamar festejo cuando alguien está de luto. —¡Ay! ¡Por favor! No me amargues mi noche—reclamó y yo no resistí la tentación de ir hacia él. En cuanto me sintió cerca, alargó sus manos y tomó mi rostro. ¡Por Dios! Olía a colonia masculina y su cabello despeinado lo hacía ver más jovial—. Hoy vi a una mujer, una mujer de lindo cabello rizado… No quería detalles, Dios mío. —No quiero saberlo. No me importa… —Tenía labios carnosos—siguió contando mientras me veía a los ojos a pesar de mi negativa. Intenté escapar de su agarre, no porque fuera agresivo, si no porque su tono de voz me ponía intranquila. Estaba borracho, los borrachos sonaban así a veces, un poco seductores si se lo proponían. —Gianni. Para… —Y mientras bailaba para mi, no podía dejar de preguntarme si sus labi

