Eso era parte del heredado carácter por mi padre. —Los calabreses hacen eso ¿No? —pregunté refiriéndome a las lanchas. Fui robada de mi boda por mar, así que ya era costumbre para ellos usarla y movilizarlas como nadie. —Son parte del mar. Lo llevan en las venas—volteó cuando escuchó la voz de los hombres debajo. —Debe volver a la cama. Es de madrugada y la lluvia no cesa. Escuché que será llevada a Lipari. Allí estará segura. Si no nos volvemos a ver ya sabe que pasó. El Don detesta los errores. —Tu no cometiste un error—repliqué. —Mi deber es saberlo todo y mantener el camino del Don seguro. Uno de nuestros hombres reveló información inapropiada y yo ignoré a gente desleal bajo mi mando. Los errores del equipo son los errores del líder y me tocará pagar la ofensa. No quería que Mart

