Claro que lo hacían, era Marcello. Siempre recto, siempre dispuesto a todo por el bien de su Famiglia y considerado hasta con lo que no debía de serlo. Todo eso, unido claro, a su autoridad, una capacidad autoritaria dominante que resguardaba bien con una mirada un tanto despreocupada. —¿Con que Regina? —Es lo que ha llegado a mis oídos. —Bien. Lo tendré en cuenta—respondí, aunque en el fondo las entrañas se me fundieron con lava, esa lava ardiente e interna que me erizó la piel. Se suponía que un simple titulo no debía significar nada, especialmente en un mundo como el mio, pero ese en particular si me generaba malestar. Neylan, Regina de Roma. Que Marcello se fuera a la mierda. Antes de que Martino saliera, lancé una nueva orden. —Que preparen todo para ir a Lipari. Asintió. No

