—Y usted de lo que ordena con ella. Digale a Renata que se perfectamente quien lanzó esas balas en mi dirección y que no le gustará cuando me toque responder. Al igual que mi padre no olvido una ofensa y cuando me toque cobrarlas, la voy a hacer sangrar. Tendremos esta conversación en otro momento. Me voy a Lipari. Pronto sabrá de mi señor Barone. Lo evadí y caminé lejos de él no sin antes sonreír a los demás y pronunciar un cortante “señores” antes de salir por la puerta principal. El clima aun era un poco voluble, pero al menos había un poco de sol. Martino parecía contrariado. —Lo que ha hecho… —¿Enfadar a un anciano? —Barone… Levanté mi dedo y lo paré en seco. —Barone no tiene nada, Martino. Un hombre que lo tiene todo no tendría que preocuparse por la presencia de una rehén que

