Tomasso hacia bien su trabajo, pues tuvo un buen mentor. Lucian asintió y el hombre se marchó rumbo a Calabria. El Capo se tomó unos minutos a solas en el jardín, un jardín que visitaba poco, porque cada vez que lo veía recordaba a un niño de ojos azules corriendo por todos lados como si fuera un huracán de alta categoría. Gianni siempre fue activo, sagaz, avido, valiente y un líder, o eso mostró desde pequeño. Protegía a sus primos menores y pensó en él como aquel que perpetuaría su legado, hasta que todo cambio. El jardín ahora estaba solitario. Su casa no tenía herederos. Ellos no tenían raíces. No pensó que el futuro fuera así. —Años van y años vienen y tu no dejas de pensar… —Hay responsabilidades que no se borran nunca—respondió—. Un padre no deja de serlo y un Capo tampoco. Cu

