SAN GIOVANNI, CALABRIA. ¿Cómo puedes culparme de algo así? Eso había dicho Renata a través del teléfono intentando jugar un papel de victima que yo le conocía bien. Tuve que contener las ganas que tenía de soltar en su dirección un improperio de maldiciones porque odiaba que me mintieran a la cara, sin embargo, el mundo no se hacía de sospechas y hasta el momento, ni Tony, ni Martino, tenían pruebas para mi. Acusar a Renata sin un fundamento, atraería lagrimas desmedidas y todo un drama del que yo estaba cansado. No siempre fue así, usualmente, como amante era buena, callada cuando era debido y sobre todo un soporte agradable de tener, pero conforme el tiempo fue pasando, su posesividad fue aumentando cuando no había nada que proteger entre nosotros. Ahora, sus celos irreverentes me hab

