No se le ponía pegamento al cabello de nadie. Le sujetó de la mano y comenzaron a caminar en dirección de la enorme residencia toscana. A lo lejos se podía observar los largos caminos de cipreses. Gianni soltó la mano de su padre para observar un brillante racimo de uvas. Tenían un bello color y las observó fascinado. Aún no tenía edad para probar el vino, pero guardaba una natural fascinación italiana por él. Su color las delató y volteó hacia su padre. —¿Estás seguro de que aún no puedo comerlas? —Muy seguro. Todavía deben estar un poco agrias. Que no te engañe el color. Si la cortas estando en un punto incorrecto, todo el proceso que has seguido para llegar aquí no habrá valido la pena en absoluto. Perderás las uvas por haberte adelantado. Ya te lo dije, cada cosa tiene su tiempo. —

