MAR JÓNICO. Las aguas eran rebeldes. Las dos anclas estaban en el fondo del mar cuando logré dar con una zona que consideraba óptima. Acercarse a la costa con el mar tan salvaje podría provocar que el yate terminara hecho trizas contra las rocas. Los sicilianos respetaban mucho el Mar Jónico y es que tenía la capacidad de volverse un remolino salvaje en minutos. Los calabreses eran mucho más osados, más lanzados en dirección del mar, y no les importaba ahogarse en sus aguas. Tenían una relación de respeto y a la vez rebeldía al respecto. El Jónico gozaba de la fama de ser un gigante poco predecible. No podía hacer más que capear la tormenta con toda la inteligencia del mundo y pedir que no fuera tan violenta como para que las anclas no fueran suficientes. No había señal. No podía siquie

