Era una combinación de todos los males. Sus ojos cansados nos recibieron con una negativa casi orgullosa que Gianni esperó. Tosió, pero usó un pequeño pañuelo para cubrir sus labios. Su rostro lleno de arrugas y tostado por el sol habló mucho de la vida que llevó. No fue una vida nada cómoda, pero la habitación que lo rodeaba hacía alarde de un futuro más prometedor que en sus mejores años. —Don… —Eres un maleducado, ¿sabías? —¿A qué hombre le gusta que le vean en estas condiciones? Ni siquiera puedo respirar por mí mismo —comentó antes de tener una nueva crisis de tos. Cuando no pudo controlarse por sí mismo, se colocó la mascarilla y tomó aire casi con desesperación. Sus cansados ojos me miraron—. Domenica dissi ca 'a signura era na beddra fimmina... ma mi pari ca nun ci fici giustiz

