Veinte de vida. Ochenta de muerte. ¡Joder! Los calabreses iban a matarlo igual y aunque la negociación parecía prioridad y una posibilidad abierta, no pensaba confiar al respecto. Él siempre fue un fiel analítico de la conveniencia y tenía la tendencia a ponerse del lado del otro. ¿Qué haría si fuera Gianni? Mandarlo a pedazos a su madre era poco. Como ya se había puesto del lado de su primo en pensamientos, no pensaba dejárselo fácil. Prefería que las piedras se lo comieran a que Calabria lo mandara en pedazos a su madre. Lo hacía más por ella que por cualquier otra cosa. Su escape era arriesgado, pero evitaba mucho dolor a una Ludmila que en ese momento debía estar inconsolable. Su pobre madre. Siempre se sintió avergonzado de la cantidad de amor que ella lanzaba en su dirección.

