Mi arrebato la hizo parpadear y palidecer. Chasquee la lengua. No tenía por qué ponerse pálida cuando ella se lo buscó. Las palabras solo deben salir, cuando aportan algo valioso y en su condición era mejor no mencionar una sola. Su error le costó caro. El cañon se acercó al rostro de la insolente. —Que sea una mano—susurré con advertencia—y un dedo de tus hijos. Iba a ser piadoso pero tu maldita lengua ha robado la oportunidad de vivir a alguien. Aquí en Calabria la gente controla lo que dice y tambien lo que hace. No estas en Toscana donde los codici te dictaminan que hacer, a quien matar primero y demás…Yo aniquilo a quien quiero, cuando quiero y como quiero. No me importa si son jóvenes, mujeres, ancianos o niños, son basura de la famiglia por igual y respondiendo a la pregunta que

