Las fiestas calabresas eran desenfreno total. No podía pensar en ellas como algo pulcro o sano, cuando lo que estaba en la mesa de las tentaciones quedaba abierto para todo aquel capaz de dejarse seducir por ellas. Los anfitriones de aquella fiesta fueron las N´drines de la enorme Cosenza y tuvieron como sede, una enorme propiedad en el centro de la región norte. Gianni había estado muy silencioso una vez que entró a Calabria, pero ni siquiera por un segundo bajó su expresión de superioridad mientras en su cabeza debatía toda clase de planes que posiblemente, estaba formulando en su peligrosa psique. —Signora—saludó uno de los hombres mientras levantaba su copa en mi dirección. Mierda. No los conocía, pero poco a poco, estaba comenzando a empaparme de su comportamiento. Era gente muy os

