La chica mantenía los ojos cerrados y sonrió antes de recibir el beso por parte de su marido, que parecía estar más que extasiado en medio del sudoroso encuentro, pues había encontrado un placido lugar en medio de sus piernas. Otra de sus manos acariciaba sus pechos desnudos, pechos que había hecho escapar del escote del vestido y que parecían estar hinchados y bien atendidos, por sus hambrientos besos. Cerró la puerta con sumo cuidado. Bien, eso no habia sido parte del plan. Acarició su sien y terminó negando con la cabeza. Se quedó de pie unos segundos y frunció el ceño, al recordar la forma en como los dedos de Gianni Salerno acariciaban los mechones rizados de su esposa. Renata odiaba a las mujeres de cabello rizado, las odiaba en verdad. Muchas veces terminó sacando a varias de sus

