18. Vamos por un quinto. Matheo. Llevo su cabello hacia atrás para tener una vista libre de su rostro, de esos ojos azules que me enloquecen. Defne se inclina hacia mi tacto, con los ojos cerrados, mientras busca con sus labios el interior de mi muñeca, dándome un pequeño beso que envía un torrente de lujuria por todo mi cuerpo. Maldición, es tan hermosa. Tan increíblemente hermosa. —Quédate esta noche conmigo —le pido. Sus ojos se abren y me miran con detenimiento. La suavidad con la que me observa compite con la misma ternura que siento hacia ella. Es una sensación extraña; nunca antes había experimentado este tumulto de necesidad hacia alguien. Estas ganas de protegerla, de cuidarla, de no permitir que un solo rasguño la alcance: ni en la piel, ni en el espíritu, ni en su esencia.

