Los rasgos faciales de aquel niño se parecían
tanto a los suyos. Hugo estaba seguro de que
sólo se había acostado con una mujer en todos
estos años, y que él supiera, esa mujer nunca
había tenido un hijo. Por lo tanto, era imposible
que tuviera un hijo ilegítimo por ahí.
Desde su posición en el asiento del conductor,
Salvia tenía los mismos pensamientos. Giró la
cabeza para mirar hacia atrás, observando el ceño
fruncido y pensativo en el rostro de Hugo.
Sugirió:
-¿Debo investigar este asunto, señor Hugo?
En realidad, Salvia había tenido dudas sobre si la
mujer que salvó a Hugo hace cinco años era
Jazmín. Esto se debía a que había descubierto
que era una persona con dos caras y un corazón
vil. «¿Cómo es posible que una mujer como ella
sea tan amable como para sacrificarse para
salvar a otra persona?»
Al oír eso, Hugo miró a Salvia, pero no dijo nada
en respuesta. Aunque no hubo intercambio de
palabras entre los dos, Salvia comprendió que eso
significaba que Hugo había dado su permiso. Y
así, el día terminó tan rápido como empezó.
Cuando Natalia los llevó de vuelta a casa, los
gemelos ya se habían quedado dormidos en los
asientos traseros. Estaban acurrucados el uno contra el otro, formando un espectáculo
adorable.
Con la ayuda de Joana, Natalia pudo llevarlos a su
habitación. Contemplando a sus hijos dormidos,
una cálida felicidad invadió a Natalia. Ahogó un
bostezo y se dirigió a la ducha para lavarse. Había
sido un día largo pero agradable con los niños, y
estaba contenta de haber pasado el tiempo con
ellos.
Cuando terminó de ducharse, ya eran las 21.30
horas.
-¿ Vino? -Natalia acababa de tumbarse en el
sofá cuando Joana le entregó una copa de vino
tinto. Sonriendo, Natalia aceptó la copa.
-Parece que estás de buen humor.
Ese mismo día, Joana había estado negociando
con un posible socio comercial. Si todo iba bien,
la línea de ropa de la próxima temporada de
Natalia saldría oficialmente al mercado en Ciudad
Alvear.
Una vez que eso sucediera, la marca de ropa que
ambas habían fundado juntas «Deseos» tendría
su debut.
-Sí. Por fin ha llegado el momento de que las dos
disfrutemos de la vida. -Joana se sentó junto a
Natalia y brindó por ella.
En el silencio de la noche, el tintineo de sus vasos sonó nítido y claro.
- Felicidades, Nat Por disfrutar de los frutos de tu
trabajo.
-Gracias, querida.
Hace cuatro años, Natalia y Joana se conocieron
en un restaurante en el extranjero. En ese
momento, la vida era difícil para Natalia. Lo único
que podía hacer era trabajar como camarera en
un restaurante. Mientras tanto, Joana era una
estudiante de intercambio que cenaba en el
mismo restaurante.
Debido a la lentitud del servicio, las dos se habían
peleado. Pero, por alguna extraña casualidad, se
convirtieron en las mejores amigas después de
esa discusión. Durante todos estos años, Natalia
le contó todo a Joana. Ella sabía todo sobre el
pasado de Natalia, incluyendo todo el dolor y el
sufrimiento por el que pasó. Eran inseparables
como la sal y la pimienta. Joana estuvo ahí para
Natalia en las buenas y en las malas. Por eso
estaba muy feliz por los logros de ella hoy.
«Estoy muy orgullosa de ella. Ha recorrido un
largo camino desde entonces».
Para Natalia, Joana era la amiga más atenta y la
mejor compañera de trabajo que podía tener. Se
sentía muy agradecida y afortunada de tener a
alguien como ella en su vida.
Nat, ahora que la primera fase está completa,
¿qué vas a hacer? -preguntó Joana.
-No tengo ni idea. -Natalia no tenía ningún plan
porque no pensaba con tanta antelación.
Cuando se enteró de su embarazo hace cinco
años, se vio obligada a vivir cada día como si
contara. Esa fue también la razón por la que se
convirtió en una mujer que tomó su destino en
sus propias manos, forjando su propio éxito a
base de puro trabajo. Pero ahora que había
alcanzado el éxito, no sabía qué hacer a
continuación.
-¿Has pensado alguna vez en buscar al padre de
los niños? -preguntó Joana tras un momento de
silencio.
Natalia parpadeó sorprendida antes de negar con
la cabeza.
-No.
La verdad era que no se atrevía a pensar en la
identidad del padre. Después de todo, no tenía ni
idea de con quién se había acostado aquella
noche.
Al darse cuenta de que no se lo planteaba en
serio, la siguiente frase se quedó atascada en la
garganta de Joana. De hecho, hubo varias
ocasiones en las que Silvia le preguntó a Joana
sobre su padre. Cada vez, ella hizo lo posible por evadir el tema por el bien de Natalia.
Sin embargo, una vez que los niños crecieran un
poco, sería imposible seguir ocultándoles esto. Al
terminar el tema, las dos mujeres siguieron
bebiendo mientras disfrutaban de la compañía de
la otra. Tardaron en terminar una botella entera de
vino tinto antes de que Joana recordara algo.
-Por cierto, me olvidé de darte esto.
Se levantó, fue a su habitación y volvió con una
tarjeta de invitación con letras doradas en relieve.
-¿Qué es esto? -Natalia le cogió la tarjeta.