Lanzó una mirada de muerte a Natalia antes de
abandonar el banquete sin mediar palabra.
Mientras tanto, Alfredo llevó a Natalia y a Hugo a
su salón privado.
-Alfredo, este es un regalo de Mercedes. Te ha
deseado un feliz cumpleaños.-Natalia le entregó
el regalo. En realidad, hoy no era un banquete
cualquiera, sino el banquete de cumpleaños de
Alfredo. Ella era una de las pocas que sabía que
era su cumpleaños.
-Por favor, transmite mi agradecimiento a ella y
envíale mis saludos. -Desenvolvió el regalo
delante de Natalia. Era una tetera Brown Betty
hecha a mano por Mercedes. Aunque no era de
gran valor, no pudo evitar dejar escapar una
sincera sonrisa cuando sus ojos se encontraron
con la firma de Mercedes grabada en el fondo de
la tetera.
Dejó el regalo a un lado y se giró para mirar a
Hugo, retomando su conversación interrumpida
por el revuelo de hace un momento.
-Hugo, como puedes ver, estoy pasado de
vueltas. Con respecto a lo que acabas de decir,
creo que no puedo ser de mucha ayuda.
Hugo era el mayor donante de esta noche. En
lugar de convertirse en socio del proyecto de la
familia Lafinur, estaba aquí para invitar a Alfredo a
convertirse en el diseñador jefe del último proyecto del Grupo Thompson: el Proyecto
Renacimiento.
Era muy exigente con la perfección cuando se
trataba de su trabajo. Los dos únicos diseñadores
de moda que tenía en mente eran Alfredo y
Mercedes. Como esta última residía en el
extranjero, Alfredo era el único al que podía
recurrir. Por eso, se quedó en silencio cuando
rechazó su petición.
-En realidad, tengo una persona en mente. Alfred
de repente desvió su mirada hacia Natalia.
-¿Qué te parece Nat? Es una joven creativa.
En un estado de perplejidad, Natalia se quedó
clavada en el sitio.
Hugo siguió la mirada de Alfredo, fijándose en
Natalia, la dama a la que sólo había visto dos
veces. Dudaba porque no iba a confiar sin más su
proyecto a alguien a quien apenas conocía.
-¿Por qué no la dejas trabajar en tu empresa
durante un mes? Así podrá evaluar su capacidad
durante este periodo de prueba. Si crees que no
es lo suficientemente competente, puedes pedirle
a su mentor que trabaje para ti -propuso Alfredo
sonriendo, sus ojos revelaban su confianza en
ella.
La recomendación de trabajo llegó como un rayo.
Natalia tuvo la extraña sensación de que la estaba vendiendo a ella y a su mentor para no
tener que trabajar. Pero al mismo tiempo, el
interés de Hugo se despertó al ver que él tenía
tanta confianza en la capacidad de Natalia.
Asintió con la cabeza y dijo:
-De acuerdo.
Al oír eso, Natalia se quedó sin palabras. «Eh ...
¿No deberían al menos pedir mi opinión?»
-Puedes presentarte a trabajar mañana. -Hugo
se puso de pie y le dio una tarjeta dorada con su
nombre.
Antes de que ella pudiera decir nada, él se había
dado la vuelta y había abandonado el salón.
-¿Alfredo? Ella no tenía ni idea mientras lo
miraba.
Con una leve sonrisa, despejó sus dudas.
-Tu mentor y yo somos de la opinión de que es
hora de que adquieras algo de experiencia
práctica.
Natalia guardó entonces la tarjeta con su nombre
y asintió con la cabeza. Comprendió que había
hecho el arreglo del trabajo por su propio bien.
-Lo entiendo, Alfredo. Gracias por hacer todo
esto por mí.
Cuando estaba en el extranjero, consiguió hacerse
un nombre con el apoyo de su mentor. Ahora que
estaba de vuelta en el país, era una recién llegada
a la industria de la moda, ya que nadie sabía que
era Mina, la conocida diseñadora de moda y
alumna de Mercedes.
Necesitaba desesperadamente una oportunidad
para destacar y construir su reputación. Por ello,
estaba decidida a no defraudarlos.
Alfredo se alegró y asintió.
-Bien. Ahora deberías volver y hacer tus
preparativos. A partir de ahora, sólo puedes
contar contigo misma.
A continuación, Natalia le hizo una respetuosa
reverencia antes de marcharse.
Era medianoche cuando por fin estaba de vuelta
en su apartamento. Empujó suavemente la puerta
del dormitorio y no pudo evitar sonreír al ver a sus
hijos durmiendo en la cama. Joana estaba de pie
junto a Natalia, mirando a los niños con cariño.
-Aww, están profundamente dormidos.
-Gracias por tu ayuda hoy, Joana -dijo Natalia
mientras cerraba la puerta.
-Oye, soy la tía Joana, después de todo. Estoy
más que dispuesta a cuidar de ellos. Pero ¿por qué has vuelto tan tarde hoy? -Joana sintió
curiosidad.
Natalia bostezó mientras caminaba hacia el sofá
de la sala de estar.
-Uf, hoy me he metido en problemas en el
banquete. He perdido parte de mi tiempo para
ocuparme del asunto antes de conocer a Alfredo.
-¿Problemas? -Joana estaba preocupada, así
que preguntó con ansiedad:
-¿Qué problema? ¿Estaba todo bien?
-Sí, todo se ha solucionado. Y ... ¿adivina qué?
Tengo una buena noticia. -Natalia se sentó en el
sofá y luego sacó la tarjeta con el nombre de
Hugo de su bolso, entregándosela a Joana.
-¡Oh, Dios mío! -Joana no pudo evitar exclamar:
-Nat, ¿cómo has conseguido la tarjeta con el
nombre del señor Hugo?