¿Quieres decir que sólo podemos quitar el polvo
para las huellas dactilares? ¿Eso es todo? -Isabel
pensó que Natalia estaba tratando de librarse del
problema. ¿ Y si llevaba guantes cuando robaba?
-Señorita Laflnur, también puede comprobar la
cinta de vigilancia del pasillo para ver si me he
deshecho de algo, como los guantes -añadió
como si pudiera leer su mente.
Aunque sus palabras habían disipado las
sospechas de ella, ésta seguía esperando
encontrarle una falla porque estaba celosa de que
Hugo la respaldara. Sin perder más tiempo, llamó
a los guardias de seguridad y dio una orden:
-¡Revisen la cinta de vigilancia! -Estaba decidida
a encontrar pruebas para demostrar que Natalia
era la ladrona.
En este punto, la disputa se había salido de
control.
Mientras esperaban el resultado, Hugo estaba
sentado en el sofá con las piernas cruzadas,
saboreando su vino. Desplazó su mirada hacia
Natalia, que estaba de pie no muy lejos, mientras
tomaba otro sorbo de su vino con fruición.
Al mirarla más de cerca, se dio cuenta de que
tenía un rostro atractivo y seductor. Sin embargo,
tenía un par de ojos puros e inocentes que la distinguían de todas las demás
chicas calculadoras con una mirada similar.
Levantó las cejas al verla lidiar con una situación
difícil con facilidad. «Parece que puede dar la
vuelta a la tortilla incluso sin mi ayuda».
Media hora después, el jefe de seguridad entró en
la sala. Se dirigió hacia Isabel y le susurró al oído:
-Señorita, no encontramos nada. -Incluso
buscaron en los arbustos, pero fue una búsqueda
infructuosa.
Los ojos de Isabel parpadearon cuando escuchó
los resultados.
Después, Natalia se acercó a ella.
-Señorita, ¿ha conseguido encontrar algo? -le
preguntó lo evidente.
En ese momento, todos comprendieron que
Natalia era inocente.
Mordiéndose los labios, Isabel aún se resistía a
ceder.
-¡Comprobaremos las huellas dactilares!
Justo en ese momento, sonó una voz autorizada y
rotunda.
-¡Basta! Déjense de tonterías.
Todo el mundo se giró para descubrir que los
Moros habían llegado. La persona que tomaba la
delantera no era otra que Alfredo Laflnur, el muy
respetado patriarca de la familia.
Natalia lo había visto una vez durante la
ceremonia, cuando estableció por primera vez
una relación de estudiante con Mercedes Macrim,
su mentora. Alfredo seguía lleno de vigor, aunque
habían pasado algunos años desde la última vez
que lo vio.
-Abuelo, no estoy jugando. Me ha robado el
collar. -Isabel se apresuró a acercarse a su
abuelo, tomándolo del brazo mientras hacía un
puchero. Siendo la única nieta de Alfredo, podía
conseguir lo que quisiera de su cariñoso abuelo
siempre que expresara su descontento.
Sin embargo, hoy no la dejaría salirse con la suya.
Poniendo una cara larga, le quitó las manos de
encima y la reprendió:
-¡Bel, mira lo que has hecho! -Has arruinado el
banquete.
Mirando a su abuelo con incredulidad, Isabel
refutó:
-¡Abuelo, no soy yo! Todo es culpa de ella. -
Señaló con el dedo a Natalia con rabia.
Alfredo miró en la dirección en la que señalaba.
Se sorprendió al ver a Natalia. Al momento
siguiente, esbozó una sincera sonrisa.
-¡Nat! ¿Por qué no me dijiste que estabas aquí?
Todos se quedaron estupefactos en el momento
en que vieron a Alfredo caminar hacia Natalia e
incluso llamarla por su apodo.
-Mi querido Alfredo, Mercedes me pidió que te
diera una sorpresa. -Natalia le hizo una leve
reverencia en señal de respeto.
-¡Ja, ja! ¡Me has sorprendido de verdad! -Alfred
se alegró de conocer a la alumna de su viejo
amigo.
Poco después, la multitud comenzó a ver a
Natalia bajo una nueva luz. No pudieron evitar
preguntarse por su identidad cuando resultó que
conocía tanto a Hugo como a Alfredo.
De todos modos, el incidente del «robo del collar»
llegó a su fin cuando tanto Natalia como Isabel
acordaron no seguir adelante con él. Al fin y al
cabo, eran conscientes de que todo el episodio
era poco glorioso.
Mientras tanto, Jazmín permanecía en las
sombras con los dientes apretados. Se sintió
aliviada de que nadie se enterara de su fechoría,
pero no quiso agradecer a Natalia que la dejara
libre. Los celos la corroían al ver a Natalia de pie
junto a Hugo.
Desde que Hugo la confundió con la que le salvó
hace cinco años, podía conseguir todo lo que
quisiera de él. Ella era su futura esposa a los ojos
de los forasteros, pero poco sabían, ella no era
nada para él.
Ese hombre nunca tuvo intimidad con ella. Al
parecer, sólo la utilizaba como escudo contra las
insinuaciones de otras mujeres. «¡Debo encontrar
la manera de deshacerme de Natalia y de sus dos
hijos ilegítimos!»