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737 Words
La multitud se quedó en silencio ante su presencia. Fijando sus ojos en la indefensa Natalia que estaba sola en medio de la multitud, Hugo frunció los labios mientras se dirigía hacia ella. Sin embargo, la multitud confundió a Hugo con Jazmín, ya que ésta se encontraba cerca de Natalia. Mientras la gente le abría paso, Jazmín mantenía la cabeza alta, esperando que él se acercara a ella. Para sorpresa de todos, se detuvo frente a Natalia. -Señorita Sainz, nunca pensé que nos volveríamos a encontrar. La última vez, aunque ya se había marchado cuando Salvia regresó al hospital, éste consiguió aprender su nombre gracias a la enfermera. Todos se quedaron boquiabiertos cuando vieron a Hugo hablando con Natalia. ¡Esta señora conoce a Hugo Thompson! ¡Y tiene el apellido «Sainz»! Natalia también se sorprendió por el hecho de que Hugo conociera su apellido, pero proyectó una fachada de calma y le devolvió el saludo. - Bueno, encantada de conocerte de nuevo. ¿Cómo está tu ... ? -Iba a preguntar por su lesión, pero se tragó las palabras cuando él le dirigió una mirada significativa, indicándole que no sacara el tema. Evidentemente, estaba satisfecho con su astucia. De hecho, antes se dio cuenta de que estaba rodeada por la multitud en el segundo piso y, aunque no le correspondía inmiscuirse en sus asuntos, decidió ayudarla porque le debía un favor. Hugo se volvió entonces hacia Isabel, protegiendo a Natalia de su ira con sus anchos hombros. -Señorita Lafinur, usted dijo que ella le había robado el collar. ¿ Tiene alguna prueba que respalde sus palabras? -Exudaba un aura prepotente mientras miraba a Isabel con su mirada penetrante. Todos los presentes podían ser testigos, ya que vieron cómo sacaban el collar del bolso de Natalia. Sin embargo, ninguno de ellos se atrevió a dar un paso adelante para enfrentarse a Hugo. Para ellos, Hugo Thompson era un gran nombre en la ciudad. Como único heredero de la familia Thompson y director general del Grupo Thompson, empezó a dirigir la empresa a los dieciocho años. Le apodaban «Lucifer» por ser un astuto hombre de negocios que no se echaba atrás en la mesa de negociaciones. Sabían que podrían encontrarse en problemas si alguna vez le pisaban los talones. Mientras agachaban la cabeza, su drástico cambio de actitud hizo que Natalia se diera cuenta de que el hombre que tenía delante tenía un estatus más alto de lo que pensaba. No es de extrañar que haya abandonado el hospital sin mediar palabra. ¡Ni siquiera le importa la insignificante cantidad de la compensación! En ese momento, Natalia dio un paso adelante y rompió el silencio. -Tengo pruebas para demostrar mi inocencia. - No tenía ninguna posibilidad de defenderse ahora porque todo el mundo la tenía en el punto de mira. Ahora que Hugo la respaldaba, por fin podría limpiar su nombre. En un instante, sus palabras captaron la atención de todos. Si no fuera por la presencia de Hugo, supuso que tal vez se burlarían de ella por librar una última batalla cuando todas las pruebas la señalaban. El corazón de Jazmín dio un vuelco al escuchar las palabras de Natalia. «¡Mi plan era perfecto! He enviado al servidor fuera de la bodega, por lo que es imposible que tenga pruebas para limpiar su nombre. ¡Debe estar mintiendo!» Mirando a Natalia con confianza, se convenció a sí misma y trató de tranquilizarse. Por el contrario, ahora estaba más preocupada por el hecho de que Natalia y Hugo se conocieran. Sentía que iba a desmayarse en cualquier momento cada vez que pensaba en ello. Sin embargo, para no levantar sospechas, sólo pudo apretar los dientes para controlarse. Mientras tanto, la sospecha de Isabel se disipó por la mirada confiada de Natalia. -¿Cómo vas a demostrar tu inocencia? -cedió. Con una leve sonrisa, Natalia explicó: -Es sencillo. Señorita Lanifur, apuesto a que no muchas personas tienen la oportunidad de tocar este valioso collar de diamantes. Podemos comprobar si hay mis huellas en él. -Lanzó una mirada a Jazmín mientras hablaba. «Lo más probable es que sea una idea espontánea para tenderme una trampa. Jazmín debe haber dejado sus huellas dactilares, ya que no tendría tiempo de prepararse para los guantes». Como era de esperar, la cara de Jazmín se puso pálida. De hecho, sus ojos estaban llenos de horror al escuchar las palabras de Natalia.
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