La multitud se quedó en silencio ante su
presencia.
Fijando sus ojos en la indefensa Natalia que
estaba sola en medio de la multitud, Hugo frunció
los labios mientras se dirigía hacia ella.
Sin embargo, la multitud confundió a Hugo con
Jazmín, ya que ésta se encontraba cerca de
Natalia. Mientras la gente le abría paso, Jazmín
mantenía la cabeza alta, esperando que él se
acercara a ella.
Para sorpresa de todos, se detuvo frente a
Natalia.
-Señorita Sainz, nunca pensé que nos
volveríamos a encontrar. La última vez, aunque ya
se había marchado cuando Salvia regresó al
hospital, éste consiguió aprender su nombre
gracias a la enfermera.
Todos se quedaron boquiabiertos cuando vieron a
Hugo hablando con Natalia. ¡Esta señora conoce
a Hugo Thompson! ¡Y tiene el apellido «Sainz»!
Natalia también se sorprendió por el hecho de
que Hugo conociera su apellido, pero proyectó
una fachada de calma y le devolvió el saludo.
- Bueno, encantada de conocerte de nuevo.
¿Cómo está tu ... ? -Iba a preguntar por su lesión,
pero se tragó las palabras cuando él le dirigió una mirada significativa, indicándole que
no sacara el tema.
Evidentemente, estaba satisfecho con su astucia.
De hecho, antes se dio cuenta de que estaba
rodeada por la multitud en el segundo piso y,
aunque no le correspondía inmiscuirse en sus
asuntos, decidió ayudarla porque le debía un
favor.
Hugo se volvió entonces hacia Isabel, protegiendo
a Natalia de su ira con sus anchos hombros.
-Señorita Lafinur, usted dijo que ella le había
robado el collar. ¿ Tiene alguna prueba que
respalde sus palabras? -Exudaba un aura
prepotente mientras miraba a Isabel con su
mirada penetrante.
Todos los presentes podían ser testigos, ya que
vieron cómo sacaban el collar del bolso de
Natalia. Sin embargo, ninguno de ellos se atrevió
a dar un paso adelante para enfrentarse a Hugo.
Para ellos, Hugo Thompson era un gran nombre
en la ciudad. Como único heredero de la familia
Thompson y director general del Grupo
Thompson, empezó a dirigir la empresa a los
dieciocho años. Le apodaban «Lucifer» por ser un
astuto hombre de negocios que no se echaba
atrás en la mesa de negociaciones. Sabían que
podrían encontrarse en problemas si alguna vez le
pisaban los talones.
Mientras agachaban la cabeza, su drástico
cambio de actitud hizo que Natalia se diera
cuenta de que el hombre que tenía delante tenía
un estatus más alto de lo que pensaba. No es de
extrañar que haya abandonado el hospital sin
mediar palabra. ¡Ni siquiera le importa la
insignificante cantidad de la compensación!
En ese momento, Natalia dio un paso adelante y
rompió el silencio.
-Tengo pruebas para demostrar mi inocencia. -
No tenía ninguna posibilidad de defenderse ahora
porque todo el mundo la tenía en el punto de mira.
Ahora que Hugo la respaldaba, por fin podría
limpiar su nombre.
En un instante, sus palabras captaron la atención
de todos. Si no fuera por la presencia de Hugo,
supuso que tal vez se burlarían de ella por librar
una última batalla cuando todas las pruebas la
señalaban.
El corazón de Jazmín dio un vuelco al escuchar
las palabras de Natalia. «¡Mi plan era perfecto! He
enviado al servidor fuera de la bodega, por lo que
es imposible que tenga pruebas para limpiar su
nombre. ¡Debe estar mintiendo!» Mirando a
Natalia con confianza, se convenció a sí misma y
trató de tranquilizarse.
Por el contrario, ahora estaba más preocupada
por el hecho de que Natalia y Hugo se conocieran. Sentía que iba a desmayarse en
cualquier momento cada vez que pensaba en ello.
Sin embargo, para no levantar sospechas, sólo
pudo apretar los dientes para controlarse.
Mientras tanto, la sospecha de Isabel se disipó
por la mirada confiada de Natalia.
-¿Cómo vas a demostrar tu inocencia? -cedió.
Con una leve sonrisa, Natalia explicó:
-Es sencillo. Señorita Lanifur, apuesto a que no
muchas personas tienen la oportunidad de tocar
este valioso collar de diamantes. Podemos
comprobar si hay mis huellas en él. -Lanzó una
mirada a Jazmín mientras hablaba. «Lo más
probable es que sea una idea espontánea para
tenderme una trampa. Jazmín debe haber dejado
sus huellas dactilares, ya que no tendría tiempo
de prepararse para los guantes».
Como era de esperar, la cara de Jazmín se puso
pálida. De hecho, sus ojos estaban llenos de
horror al escuchar las palabras de Natalia.