Todos están borrachos. O en camino a estarlo. El único que se mantiene en sus cabales soy yo y eso, porque además de estar acostumbrado a su grado de alcohol, no he bebido la cantidad de vino suficiente para sentir sus efectos. «Eso ya lo hizo mi Tammy». La música poco a poco deja de escucharse y los empleados de Tammy se van, ayudándose unos a otros, porque entre todos no forman uno. Suerte que, según una de las mujeres, uno de ellos vive a solo una manzana y todos se quedarán allí. Eso me alivia un poco. Lo menos que se necesita es que este día acabe en desgracia, no después de lo bien que lo pasaron. Además de que, para Tammy, sería un desastre. —No, tía, no van a conducir. —Tammy, aun tambaleándose por la poca coordinación que le queda en el cuerpo, sacude la cabeza sin cesar. —

