En mi habitación por la noche, enciendo mi pequeño televisor y me veo a mí misma en cada canal; yo con el sencillo vestido plata que usé en el décimo octavo cumpleaños de la Princesa, sonriéndole al Príncipe en una foto fuera de contexto, ¿por qué no ponen la mueca de fastidio que le dirigí después? Empequeñezco al ver mi nombre y datos privados aflorar para todo Pangea, incluso mis tres profesiones saltan como corchos sin ningún pudor, se supone que la última era estrictamente confidencial. Los conductores de todos los programas televisivos dicen cosas estupendas de mí, la mayoría son exageradas y muchas ni reales; hablan justo lo que la Reina y el Príncipe predijeron, sobre la excelente posición que tomaré y cómo beneficiará a las clases bajas mi unión con el próximo Rey de Pangea. Los

