bc

Latente

book_age12+
134
FOLLOW
1K
READ
dark
others
drama
straight
soldier
realistic earth
war
like
intro-logo
Blurb

"Si no puedo tener tu corazón, al menos quiero asegurarme de que siga latiendo".

Eso dijo, pero la verdad es que ambos están aterrados de perderse.

En este caso, hay dos razones por las cuales una persona no le teme a la muerte.

Una, nunca se ha enfrentado a ella, nunca ha tenido que verse involucrado y no conoce su verdadero peligro, siendo capaz de sacrificarse a sí mismo.

Dos, porque se ha enfrentado tanto a ella que le ha perdido el respeto, estar tan cerca de la muerte cada día y no caer ante ella puede acarrear un extraño sentido de seguridad, sin embargo, estas personas la conocen muy bien.

Y allí estaban ellos dos, ninguno le temía a la muerte. Ella, nunca se había enfrentado a esta. Él tenía que evadirla día a día, hora tras hora y minuto a minuto.

Además de ese falso sentido de seguridad, lo que tienen en común es una decisión radical que quizás ni ellos mismos puedan comprender: ambos entregarían su vida si fuese necesario, sin titubear.

Pero es hasta que se conocen que entienden que todo el miedo que se mantuvo latente durante sus vidas, se activa e intensifica con el terrible pensamiento de poder perderse uno al otro.

Y es allí donde no pueden huir, porque el peligro es letal y la perdida inminente.

chap-preview
Free preview
Prólogo
 Centro histórico de Leópolis, Ucrania. 24 de mayo de 2018. Hora: 6:55 p.m. Era jueves.             Durante todo el día mi cabeza no había dejado de dar vueltas sobre lo que Caín había dicho hace poco más de una semana. Soñé con él y con esa forma tan pícara y obstinada de sonreír. En mi sueño no me decía nada, simplemente me veía por lo que parecían horas y no se movía ni un poco.             Intenté concentrarme en otras cosas, en el baile y la parte que no lograba dominar todavía, en la escena de la obra de teatro de fin de año que aún no me aprendía y en buscar y cuidar a Coda. Sin duda mamá tendría que pagarme por ser su niñera personal a estas alturas.             Al salir de las clases de baile, que hoy tocaban en la tarde, busqué a Coda y lo llevé al parque hasta que se hicieron las cinco treinta.             Mi horario era una locura, pero no había nada que pudiese hacer para cambiarlo.             —¡Vamos, Caoi!, estás muy lenta hoy —se burló Coda dándome otra vuelta.             El pequeño tenía las pilas bien cargadas, me había tenido bailando por al menos una hora entera. Él estaba montado en la mesa baja de la sala para estar más o menos a mi altura.             —¡Lo que pasa es que estoy vieja! —me quejé a través de la música.             Finalmente logré zafarme y tirarme en el sofá.             —¡No, ya! ¡No puedo más! —me rendí alzando los brazos.             —¿Estás muy cansada, hermanita? —preguntó subiéndose al sofá y colocando las manos en mi rostro.             —Lo estoy —cerré mis ojos y tiré la cabeza hacia atrás de forma exagerada.             —Yo no quiero que te pongas vieja —habló abriéndome los ojos —, no quiero que tengas que irte a trabajar como papá y mamá.             Aquello me contrajo el corazón, su voz atravesó mis oídos como si intentara sacudirme.             —¿Por qué dices eso, Coda?             —Porque antes los veía todos los días a todas horas y ahora ya no —su carita se contrajo y miró hacia abajo.             Sonreí y tomé su rostro entre mis manos.             —Coda, p**i y mami solo han tenido más trabajo últimamente, pronto verás que volverán a fastidiarnos todo el tiempo —intenté animarlo.             Él me miró esperanzado.             —¿Van a dejar de trabajar tanto?             —Quizás lo hagan —no prometí —, ahora, ¡vamos a comer y darte un baño porque hueles como un mono cochino!             Expresé y me levanté llevando una mano a mi nariz de forma exagerada.             —¡Yo no soy un mono! —Corrió delante de mi – ¡Tú eres un mono!             —¡El que llegué de último a la cocina es un mono! —grité.             Entonces Coda corrió hasta la cocina y yo hice las veces que intenté alcanzarlo. Él supuestamente ganó.             Le había preparado su comida favorita: pasta a la carbonara.             Se la devoró, hice que se diera un baño pues ahora ya le había comenzado a dar pena que yo lo bañase y cayó como plomo en su cama luego de que leyéramos El león y el ratón.             Me di un baño yo también, me coloqué un par de pantalones anchos y una blusa manga larga porque el frío que comenzaba a hacer estaba calando mis huesos.             Decidí que definitivamente era tiempo de cambiar el color de mis uñas así que me senté en el sofá de la sala, abrí la ventana para que el olor no quedase impregnado en el apartamento y escogí el color blanco.             Encendí la televisión para encontrarme con el show de Ellen, algún día sería yo la entrevistada por alguna película y no Emma Stone.             Pero temía que eso no se cumpliese porque ya estaba en los veinte y apenas había tenido un par de logros. Las personas a veces me reconocían por mis comerciales y tenía dos mil seguidores en i********:, eso era algo, pero no todo lo que aspiraba.             Había terminado con mis pies y mi mano izquierda cuando la puerta sonó.             No esperaba a nadie en específico, así que me asombró en cierto punto, pero Emma me había hecho reír tanto que no le di mucha importancia.             Siguieron tocando, tocando, tocando y tocando.             —¡Ya voy! —Exclamé cansada y abrí la puerta de un tirón — ¿Qué no escuchaste cuando...?             Dejé de hablar en cuanto vi a la persona de pie frente a mí.             Mi corazón empezó a martillar.             Era un hombre pelirrojo, piel clara, ojos verde claro, con pecas por todo el rostro y era un soldado o militar, algo por el estilo por el uniforme que utilizaba. Era muy alto.             Sus ojos parecieron quedarse fijos en mí, no era para menos, yo lo estaba admirando.             Su rostro hizo eco en mi cabeza, sentí que lo había visto en algún lugar.             —Hola, ¿puedo ayudarte? —pregunté cuando al fin logré encontrar mi voz de regreso.             Sentía mis palmas picar en cuanto él me observó y se quedó en silencio otro instante.             —De hecho, vengo para ayudarte a ti – expresó suavemente. Nuestros ojos no se habían encontrado por completo, era como si él mirase a cualquier dirección menos a mí... pero yo lo había visto. —¿Disculpa? ¿De qué estás hablando? —¿Puedo pasar? —preguntó mirando en todas direcciones, confundiéndome por completo. —Yo, bueno, verás, no creo que sea posible, mis padres no están y sin ánimos de ofender pero yo no... —él entró—...te conozco —casi se escuchó como un susurro—. ¿Qué rayos estás haciendo? Todo encanto se perdió en el instante en el que atravesó la puerta, me sentí a la defensiva. Fui entonces consciente de que él cargaba un gran bolso n***o para el momento en el que lo colocó sobre la mesa de la sala.             —¿Pero qué rayos crees que haces? ¿Qué sucede contigo? ¡Quita eso de ahí! —Comencé a gritar colocándome frente a él pero no parecía escucharme —¿Estás sordo? ¡Vete de mi casa!             Fue entonces que él me miró directo a los ojos, su mirada era muy suave y suplicante. Sus labios eran delgados, formaban una fina línea y su ceño estaba fruncido dándole un toque duro y masculino.             Una chispa se encendió en mi cabeza y no me pareció posible que fuese cierto.             —¡Yo te he visto!—Expresé señalándolo — ¡Te vi cerca de aquí un par de veces! ¡Eres el de la chaqueta con capucha negra!             Sabía que me notaba alarmada por la forma en la que él colocó las manos hacia adelante como intentando que me calmase.             —He estado por aquí, eso es cierto —continuó con ese tono de voz tranquilo.             —¿Y? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué te vi tantas veces y ahora qué es lo que haces aquí?             —Lo has visto porque es mi hermano.             La voz que entró en la ecuación me hizo saltar de forma exagerada en mi lugar y que un grito saliese de mis labios.             Miré hacia la puerta y la situación no podía ser más irreal.             —¿Caín? —pregunté estupefacta observando cómo entraba por la puerta.             Tenía el mismo uniforme que el pelirrojo, un arma estaba guindada en su espalda y unos binoculares de su cuello.             —¡Eres soldado! ¡Yo lo sabía! —Exclamé – ¡No puede ser! ¿Por qué cargas esa arma? ¿Será que alguno de ustedes dos podría decirme qué es lo que está sucediendo aquí?             Caín se encogió de hombros y caminó hasta la ventana abierta.             —Que te lo diga él —señaló al pelirrojo.             Yo lo miré con las manos en mi cadera y toda la intriga del universo plantada en mi rostro pero este solo se quedó observándome.             —¿Saben qué? ¡No me digan nada! ¡Solo váyanse de mi casa! ¡Ahora! —Caminé hasta la puerta —¡Mi padre es el jefe de la policía y una llamada será suficiente para tener sus patrullas rodeando el apartamento! —Ya cálmate, querida —habló Caín mirando por la ventana—. Él es mi hermano, su nombre es Abel. Mis hombros cayeron, estaba indignada. —¿En serio? ¿Son hermanos y tú te llamas Caín y él Abel? —Pregunté acercándome de nuevo a ellos – ¿Y esperan que me crea esa locura? —No, él es muchísimo peor que yo —repuso Caín mirándome al fin. Mi propio hermano vino a mi mente, estaba dormido en su habitación y había dos soldados en la sala y estaban armados, eso no estaba bien. —¡Como sea! ¡Ya váyanse! —Creí que si Caín venía confiarías un poco más en mi —la voz del pelirrojo parecía hacer vibrar mi pecho, miró su reloj apresurado. —¿Qué? ¡Yo no confío en Caín! ¿Cómo pensaste que podría confiar en ti? —¿Porque soy el bueno de la historia? —intentó bromear alzando los hombros y torciendo los labios. —Claro, hasta que Caín te asesine —me quejé. —Creí decirte que él es peor. —Ya basta, mis padres están por llegar y deben irse, no los conozco y no los he invitado a pasar siquiera y al menos que quieran que llame a la policía yo creo.... Pelirrojo sacó un gran pedazo de papel que abrió sobre la mesa, en algún momento había quitado el bolso de allí. —Mira acá —señaló —, necesito que salgas de aquí ahora —su voz indicaba urgencia, miró su reloj otra vez—, debes irte de aquí justo ahora, algo está a punto de suceder.             Recordé entonces todas las advertencias de Caín, y como si algo me obligase, caminé hasta quedar al lado del pelirrojo. —¿De qué rayos estás hablando? —ya mi voz comenzaba a temblar. El papel era realmente un mapa de la ciudad, habían círculos conectados entre sí con unas líneas y en medio de estos unos cuantos números rojos y verdes que no podía entender. —Tienes un tío, ¿no es así?, tu tío Jacob —no asentí pero un alivio comenzó a venir a mis pulmones —, bien, Jacob, él es un General, ¿no es así? No asentí pero estaba en lo cierto, yo había tenido que pasar dos veranos en su casa para ayudar a cuidar a mi tía Sara. Era por eso que yo sabía distinguir a los soldados donde sea que fuesen, casi todos los días yo veía a un pelotón entrenar a unos cuantos metros. —Soy un soldado a su cargo, él me ha enviado aquí para informarles, la idea era que tus padres estuviesen pero ya que no están debes seguir adelante tú —los ojos verdes de Abel me miraron expectantes, llenos de súplica. Pero yo no estaba decidida a creer por completo. —¿Por qué no me informó él mismo? ¿Por qué enviarte a ti? A ustedes, ¿por qué no decirle directamente a mi padre? —Es algo confidencial esto que estoy por decirte, no podía correr el riesgo de una infiltración —él me miraba con urgencia —, escucha con atención, no debes estar entre estos puntos de aquí a las ocho, ni entre esos dos a las siete cuarenta, mucho menos en la región dentro del circulo, debes huir de todo lo que está marcado, allí están las horas a las que todo ocurrirá, debes ir a esta zona y esperar allí, hay una casa, vas a reconocerla, es blanca y es la única más alejada, yo voy a encontrarte allí y voy a mantenerte a salvo. No pude evitar mirarlo como si estuviese loco, pero había tanta urgencia en su voz que me hacía querer creerle. Y además conocía a mi tío y llevaba este traje que había visto en algún lado. —¿Pero qué rayos es lo que va a ocurrir? Abel suspiró y miró hacia Caín, quien parecía muy absorto en mirar hacia abajo con los binoculares. Cada musculo en la espalda de Abel pareció tensarse, todo él se tensó en realidad, sus puños se cerraron y su ceño se frunció. —Esto es un ataque terrorista – Dijo al fin. Frío, sentí mucho frío golpeando mi pecho durante los primeros segundos. Pero eso no podía ser posible. —No, estás loco, los dos están locos —me reusé alejándome de Abel —. ¡Ya basta, váyanse de mi casa! —miré a Abel de nuevo – ¿Cómo crees que yo voy a confiar en esta historia tuya? ¿Cómo confiaría yo en ti? Ahora Abel se movió un paso cerca de mí como si tuviese miedo de que yo saliese corriendo. —No hay manera de que lo sepas, no hay más nada que pueda decir para que confíes en mi —explicó cauteloso —pero a veces, solo tienes que dar un salto de fe y ese salto es que salgas de aquí en menos de —miró su reloj— trece minutos porque algo malo va a suceder aquí. Mi corazón volvió a martillar. Todo era demasiado extraño. —O quizás podrías dejar los poemas y tú venir aquí —ahora fue Caín quién me tomó del brazo y me llevó hasta la ventana. —¿Qué haces? —Ya cállate y mira —colocó los binoculares sobre mis ojos —. Busca en el techo de la cafetería, hay tres hombres allí, ¿no es así? El aire salió de mis pulmones, así era. —Y en la esquina frente al museo, ¿hay dos más cerca del poste? —Preguntó y esta vez asentí — Genial, esa es nuestra mejor prueba – añadió y me soltó —. No seguiré con este jueguito tuyo, me voy, ya se nos acabó el tiempo —Caín atravesó la sala empujando a Abel por el hombro y salió del apartamento. Abel era más alto que Caín, curiosamente. Yo no estaba segura de cómo reaccionar, si hacerle caso o no, si seguir sus instrucciones o no. Estaba alterada, si era verdad y algo grave iba a suceder, yo tenía que sacar a Coda lo más pronto posible de aquí antes de que algo pudiese ocurrirle. Pero si solo era una broma... —Ten, estas llaves son del Mercedes Benz G63 que está estacionado justo al lado de tu auto, es mejor para escapar que ese mini Cooper del cincuenta y dos que tienes —extendió unas llaves ante mí. Pero no las agarré, entonces Abel tomó mi mano derecha y depositó la llave allí. —Si no confías en mí, al menos toma la camioneta y vete lejos de las zonas señaladas en el mapa, a donde quieras, solo huye de aquí, por favor. Su voz era tan suplicante, pero en sus ojos había algo que no podía descifrar. —Solo tienes once minutos para salir de aquí. Tomó su bolso n***o y salió disparado por la puerta. Dejando todas mis ideas y todos mis pensamientos hechos un verdadero desastre.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
6.3K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.3K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
57.1K
bc

Profesor Roberts

read
1.5M
bc

La esposa rechazada del ceo

read
220.7K
bc

Bajo acuerdo

read
48.7K
bc

Tras Mi Divorcio

read
575.3K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook