Intimidante y grosero

1237 Words
Mientras un profesor daba su aburrida clase de cálculo, Elliot sacaba de su mochila la pequeña caja de pastillas. La vació completamente: no había ni una sola pastilla más. Sintió la desesperación recorrer su delgado cuerpo mientras sacaba todas sus libretas y sus libros de la maleta. Tenía que encontrar algo. —No me jodas... — murmuró desesperado, captando la atención del pequeño Norman. Norman, el pelinegro de piel pálida vio al castaño buscar desesperado algo en su maletín. Vio entonces en su escritorio una caja de antipsicóticos maltratada. El móvil del profesor vibró y el hombre rápidamente atendió la llamada, saliendo de la habitación. Los alumnos se relajaron y hablaban en susurro y voz baja, Norman se acercó a Elliot. —¿De quién quieres llamar la atención? — Preguntó. Elliot se detuvo en seco y miró al petiso pelinegro. —¿Disculpa? —¿Vas a hacerte el desentendido? Elliot miró a su compañero con total confusión. Ambos generaron un silencio horripilante. Norman veía desde encima a Elliot. —Eso de no tomarse los medicamentos para llamar la atención es un truco demasiado viejo, coño. ¿Qué sigue? ¿Te cortarás las venas delante de todos? Elliot sintió el horror al escucharlo y aunque no podía moverse gracias al asiento, retrocedió lo más que pudo. Norman casi le arroja una de sus propias pastillas a su compañero con fastidio y de nuevo se retiró a su lugar. Por al menos una hora, Elliot se quedó inmóvil, siendo incapaz de hacer que sus manos dejaran de temblar. De la nada, se puso de pie, aún con la garganta reseca y los ojos rojizos. Norman pudo ver un breve momento a Elliot antes de que dijera sus palabras llenas de odio que dejarían marcada su fama para siempre Capítulo II: Intimidante y groser. Everest salió de su aula con cansancio y dolor de cabeza. Uno de los odiosos tipos de su aula había comprado una de esas fragancias con feromonas falsas y el aula entera apestaba a él. Los hombres, después de todo, hacían lo imposible por mantener esa virilidad por encima de todo. En el pasillo del aula se encontraba un chico, pequeñito y frágil, preguntando algo a cada persona que caminaba cerca de él. El desconocido le preguntó algo a Jalex, el chico más popular de toda la escuela y el pelinegro, amablemente le señaló su respuesta al delgado chico. Su dedo lo señalaba a él, a Everest. Se miraron por segundos enteros conforme el castaño avanzaba a él. Elliot se rio en secreto de sus pensamientos, después de todo sí parecía ser un chico atractivo. Olía a cigarrillos. Su rostro tenía marcas de golpes, su uniforme tenía una mancha deslavada de sangre. Elliot dudó de si acercarse o no. —¿Everest? — Lo llamó el castaño al estar cerca de él. —¿Te conozco? —El proyecto de artes — dijo Elliot nervioso —, somos compañeros. —La mierda esa de los retratos ¿no? Elliot asintió. —Podemos hablar hoy si estás libre. Everest asintió y se marchó sin decirle nada más. Al menos Elliot ya tenía planeado un primer retrato. Intimidante, pandillero y grosero. El pelinegro caminó hasta la cafetería de la escuela con sueño y en el camino, su teléfono vibro. Vio la mensajería y suspiró ante el contenido. Un mensaje automático de su banco había llegado, le habían hecho un depósito por doscientos dólares. Poco después llegó un mensaje normal. DESCONOCIDO Aquí está tu pago por lo de hace rato. 100 por el trabajo y 100 en compensación por lo sucedido. No tardó en bloquear el número y apagar el teléfono. Cuando la hora de la salida llegó, Elliot ya esperaba a Everest en la entrada de su aula. Miró con curiosidad como el chico parecía hacerse pequeñito en su lugar a medida que la gente pasaba cerca de él caminando. —¿Qué mierda haces? — Le preguntó Everest al castaño. —Te espero. Everest se quedó observándolo con incredulidad, generando un ambiente pesado. —Me refiero a... olvídalo — dijo rápidamente. —¿Dónde podemos hablar? — Preguntó Elliot. Everest se encaminó por el pasillo y Elliot le siguió rápidamente. —¿En dónde coño crees que podemos hablar de un proyecto de artes? —¿En la biblioteca? —No se debe hablar en una puta biblioteca. —¿Entonces...? —En el aula de artes, anormal — contestó Everest. —No me llames así, joder — pidió Elliot. El rubio miró de reojo a Elliot y notó que tenía los ojos hinchados, había llorado. No era su puto problema, no iba a preguntarle, pero si iba a retratarlo quizás debía tomarlo en cuenta. Llegaron a la vacía aula y encendieron las luces. Everest se sentó en el escritorio y puso su móvil sobre la madera, Elliot acercó un asiento a él. —¿Tendremos que dibujar? Soy pésimo dibujando — dijo Everest. —No necesariamente, podemos hacer un escrito o una fotografía... —Soy pésimo en todo eso. Elliot escribió aquello en su libreta, Everest vio lo que tenía apuntado, datos sobre él. "Grosero e intimidante. Pésimo en todo." —¡Oye, anormal! ¿Por qué coño escribes eso de mí? —Es lo que sé hasta ahora. Everest le arrebató la libreta y su pluma, escribió velozmente. "Llorón y marica." —Joder, qué puto desagradable eres — soltó Elliot cruzándose de brazos. —Pues hagamos el puto trabajo como debemos. —¿Y cómo coño quieres hacerlo? —Dime tu nombre y tu edad. —Elliot, 17. —Yo soy Everest, 18 — contestó Everest escribiendo en la libreta lo que ambos decían —. ¿Cuál es tu color favorito? —Azul. —n***o. —¿Eres gótico o algo así? —¿A ti te parece que soy gótico, anormal? Elliot miró a la pared molesto por la actitud del tipo. —¿Deporte favorito? —No tengo. —Yo tampoco — se rio Everest —. Listo. Everest le entregó la libreta al otro. —¿Y ya está? —¿Qué más quieres? —¿Qué mierda hago con esto? —Lo que pienses hacer. —¡No sé nada de ti todavía! —Sabes lo suficiente. En un mes nos veremos de nuevo y hablaremos de nuevo. Ya está. El móvil de Everest vibró en su mochila. El mayor se puso nervioso y miró la pantalla. Elliot no pudo ver el nombre de quien lo llamaba y el rubio se puso de pie. —Creo que eso es todo por hoy — dijo Everest. —Pero... —Tengo que irme, nos vemos en un mes — respondió Everest rápido y saliendo de la habitación con prisas. Elliot entonces vio el móvil que Everest había dejado sobre el escritorio. ¿Era de él también? Quizás lo había robado. Tomó el teléfono y rápidamente se dio cuenta de que estaba bloqueado. Pensó en lo que haría una persona normal. Entregarle el móvil al día siguiente y continuar con su vida. Pero Elliot estaba en crisis. Sus pastillas se habían acabado y no había forma en que su madre le permitiera comprar más. Habían regulado tanto los ingresos al pobre chico que no tenía un centavo para comprar otra caja... pero tenía un móvil. Uno que parecía nuevo. Apagó el teléfono y lo metió en su maletín. Todo saldría bien.
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