Desde que tenía unos diez años, Everest no se había sentido así de feliz de salir de clases. Había alguien esperándolo. Llevaba una sonrisita en el rostro mientras oía música en sus auriculares. Everest nunca había tenido algo que hacer después de la escuela, exceptuando su trabajo. En la puerta de la escuela vio a aquél pelirrojo, el que se había acostado con Elliot, reírse con sus amigos. El rubio les prestó atención y ellos lo notaron, lo miraban de una forma extraña que no podía describir, pero decidió ignorarlos y alejarse. Apenas llegar a la casa en cuestión se encontró con Elliot en su ventana esperándolo. Apenas cruzar miradas, ambos pusieron sus expresiones de siempre, como de fastidio uno del otro. Elliot bajó las escaleras a abrirle y apenas se fue, Everest soltó una risita. C

