–Hola, –Lo saludé apenas entré, dejé el bolso en un mueble y caminé hacia él, mamá fue a la cocina. Supongo que la presencia de Fernando la incomodaba. – ¿Qué haces aquí? –Vine a traerte las vitaminas, más dinero y quisiera ver el cuarto para Violeta. Aunque me empeñara en ocultar lo que sentía por él, creo mi piel traicionaba mis intenciones. Tenerlo cerca iba más allá de cualquier molestia, mis pupilas, aunque no podía verme, sabía que me estaban delatando, pero él era demasiado simple para darse cuenta, o por lo menos eso pensaba yo en aquel momento. Las muchachas que iban detrás de él, llevaban los ojos brillosos y una sonrisa estúpida en los labios, por eso evitaba tanto comportarme como ellas, porque este escalofrío tan placentero no me haría bien y ya no se trataba de si quería

