Me di cuenta de que su mirada vaciló debajo de la mía, y entonces sostuve su rostro con mis manos, determinada, pidiéndole que siguiera mirándome, para darse cuenta de que no estaba hablando de dientes para fuera cuando seguí adelante, sin vacilación alguna. —Pero siempre tuviste paciencia conmigo, siempre aceptaste mis defectos y me ayudaste a mejorar cada uno de ellos. Así que ahora haré lo mismo por ti. Yo te cuidaré, como siempre lo hiciste por mí. —Ángel… —Trató de empezar a hablar, pero yo negué, porque aún necesitaba decir una cosa más. —Sólo necesito que confíes en mí. Sé que a menudo actúo como una niña y me encanta cuando me tratas como una, porque me siento protegida y me siento tan libre… pero ya no soy una chica de diecinueve años, Ares. Yo soy tuya, como tú eres mío y quie

