—¿No estabas castigada? —Preguntó, deslizando su mano por mi muslo y dándome varios besos sin pretensiones por encima del hombro. —No podía soportar quedarme en casa sabiendo que estabas aquí. —Confesé, sin culpas. —Así que me escapé. Sentí su sonrisa contra mi piel después de la última vez que besó mi cuello, antes de apartar su rostro y tocar el mío, amorosamente. —Bien. —dijo, sonriéndome con su rostro muy cerca del mío, así que no pude evitarlo y junté nuestras bocas en un rápido beso, un poco torpe. —Pero parecías ocupado… —Dije, mirando su celular dejado de lado, sin atreverme a alejarme de él. —¿Interrumpí? —Era el abogado de la sucursal aquí en Málaga. —Reveló después de negar mi pregunta, metiendo la mano debajo de mi sudadera para acariciar mi cintura. —Fue lo único que se m

