—Fue una broma. —Respondió Elizabeth, ya de pie. —Ajá, está bien. —Nataly provocó, volviendo a tirar el cojín a John, quien se cabreó y lo tiró de vuelta, con más brutalidad. —¡La grande perdió la noción de peligro, mira eso! —Chicos, por favor. —Pedí sin condiciones para siquiera divertirme con el lío que era mi ciclo de amistades. —Estoy en medio de una crisis. —Vamos. —Elizabeth hizo un gesto con la llave del auto en la mano, y la seguí después de disculparme con todos los demás, porque esta fiesta fue una desgracia. En el coche con las ventanas abiertas, el viento revolviéndome el pelo aún más y recorriendo todo el camino mirando todo y nada, con el corazón latiendo salvajemente, nos acercábamos a un lugar que conocía bastante bien. —Está ahí. —dijo Elizabeth cuando estacionó fren

