—¡Claro que sí! ¡Es nuestra obligación, las mujeres debemos permanecer unidas! —Me miró, como si intentara reconfortarme, pero terminó asustándome más, y al instante siguiente me tomó de la mano y me llevó al rincón más extraño de la tienda. —Dime cómo es el m*****o de tu hombre, elegiré un dildo del mismo tamaño para ti. —¿m*****o? —Alterné mi mirada entre los dos, sin entender. —¿Qué es un dildo? —Ay, Maya, la maldita que te parió. —Nataly rezongó, gesticulando perezosamente hacia Jackson. —El pene de su hombre es grande, así que elige uno bien generoso. —¡Qué suerte, chica! —dijo Jackson aplaudiendo. —¿Te gusta el rojo? —Me gusta, pero… —Le contesté, atontada y casi grité cuando el empleado casi me arroja un pene artificial en la cara. —Esto de aquí es un dildo, amor. —dijo, balanc

