Ares respiró hondo y se humedeció los labios. Eso nunca sería él. Nunca, ni siquiera una sola vez, usaría a alguien de esa forma. —No tengo tiempo para ese tipo de cosas, Maya. —dijo, con sinceridad, con una entonación un poco más seria, no para asustarla, sino para demostrarle que decía la verdad. —Si vine aquí, fue porque quería verte. Es todo. Sin embargo, esa desconfianza sólo le hizo darse cuenta de que Maya realmente no lo conocía y que era recíproco. Por eso, una vez más, sintió la inconstancia de sus certezas, porque su conciencia continuaba condenándolo como irracional por estar tan involucrado por alguien que no sabía mucho más que su nombre. Y tal vez, por un lapso de esfuerzo, terminó por evidenciar que no estaba exactamente satisfecho con eso y Maya, molesto por verla con l

