—¿Puedes quedarte aquí un poco más? —Le pregunté mirándola. — Sabes que voy a empezar a pensar tonterías si estoy sola. Puso los ojos en blanco y se puso de pie, luego arrastró su silla hasta detenerla junto a la mía. Cuando volvió a sentarse, estiró las piernas y apoyó los pies en el espacio libre de la cama de Ares. —Claro que sí. Mantengamos esa cabecita ocupada. —dijo, ignorando mis intentos fallidos de tirar sus pies del colchón, y luego me mostró una expresión pensativa. —Parece que ha llegado el momento de empezar a hablar de lo que te hizo pensar que correrte rápido esta mal. Dejé de intentar tirar sus piernas y lo miré, inconforme. —¿En serio, Nataly? ¿De verdad crees que este es el mejor momento para hablar de ello? —Creo que no hubo penetración. —Reflexionó, fingiendo no esc

