—¿No estabas durmiendo? —preguntó, con los ojos abiertos. —Pensé que era mejor levantarme rápido. —respondí al acercarme, abrazándola por detrás y besando su cabeza justo después de sentir su dulce aroma. Finalmente, la abracé con más fuerza. Estoy necesitado. —Hm… —murmuró, girando su rostro para verme, y me confundió ver sus mejillas rojas. —Ok… —¿Necesitas ayuda? —ofrecí, aunque mis habilidades culinarias no fueran una gran contribución. —¿Puedes cortar los rollitos de omelete y colocar la mesa? —preguntó, señalando un sartén con cubitos de queso. —Sólo sazonaré el tofu y entonces podremos comer. Asentí, pero aun así la abracé por más tiempo y le di varios besos en el cuello y hombro, hasta que finalmente logré alejarme. Sé que soy exageradamente cariñoso y a veces me pregunto si

