—Estoy esperando una justificación válida, Maya. —dijo, serio. —¿Por qué debería dejar tu camisa? Respiré lentamente, tensa, luchando para no desviar la mirada hacia otro lado cuando finalmente decidí decir toda la verdad. —Esto no es lo suficientemente bueno para ti, Ares. —Confesé, refiriéndome a mi cuerpo. —Estoy avergonzada. Parpadeó lentamente y respiró hondo antes de bajarse de mí y ponerse de pie. —Levántate. —Ordenó entonces, y apreté mis labios, tensa, pero hice lo que me dijo. Cuando me levanté, su mano envolvió mi muñeca y me llevó a su habitación, colocando mi cuerpo frente al espejo frente al cual repudié mi cuerpo hace unos minutos, y luego se paró detrás de mí. —Quítate la ropa. —Ordenó de nuevo, con el mismo tono severo. Apreté mis ojos tristes y negué, completamente i

