Extendí mis manos sobre su pecho para alejarme un poco y mirarlo con más atención, incluso desconfiada. —¿Hoy? —Insistí, porque no sabía si una discoteca era el ambiente más propicio para él y para mí ahora. —Ares, si prefieres quedarte en casa, en verdad no me importa… no necesitas hacer eso por mí. —Quiero ir, cariño. —Garantizó, ante mi desconfianza. —Quiero mostrarte un poco más de lo que el b**m puede ofrecerte. Creo que me hará bien. Me humedecí los labios, analizándolo con concentración hasta que decidí que parecía ser sincero. Así que terminé cediendo. —Entonces yo también quiero ir. Ares sonrió satisfecho y le ofrecí otro delicioso beso en la mejilla. —Entonces preparémonos. —¿Ahora? —Me asusté de nuevo, porque todavía eran las seis y media de la tarde. —Pero es demasiado pr

