—Más o menos… —No importa si no lo sabes, porque el sadomasoquismo al que me refiero es un poco diferente al que se suele mostrar. A un verdadero sádico no le importa dar placer a su pareja, mucho menos le preocupa causar dolor de forma responsable. En el sadomasoquismo consensual, que es el único que existe en una relación sana, el dominante se preocupa constantemente por el bienestar de la sumisa y todo debe hacerse con seguridad. Si en algún momento la sumisa no se siente cómoda, el dominante debe detener lo que está haciendo, independientemente de su voluntad de continuar. —¡Ah! —Casi grité, emocionada. —¿Es como las dos palmaditas? — Pregunté, recordando cuando me instruyó a dar dos golpes si pasaba los límites. —Eso, cariño. Por lo general, estos gestos solo se usan cuando la sumi

